Hay despachos que crecen por inercia y otros que lo hacen desde una reflexión consciente sobre su modelo, su cultura y su papel en el mercado. Baker McKenzie en España pertenece claramente al segundo grupo. Tras superar los 115 millones de euros de facturación en 2024 y registrar un crecimiento del 15 %, la conversación con Mireia Sabaté y Rodrigo Ogea se aleja del dato coyuntural para situarse en un plano más estructural: cómo se construye hoy un proyecto jurídico capaz de crecer sin perder identidad en un entorno cada vez más exigente, regulado y competitivo.
En exclusiva para el especial Líderes 2026: visión y retos de los despachos españoles, los socios codirectores de la oficina española tienen una idea clara: el tamaño solo importa si va acompañado de criterio, especialización y cultura.
Lejos de discursos triunfalistas, ambos comparten una visión basada en el equilibrio. Crecer, sí, pero con criterio. Invertir, sí, pero sin erosionar la cultura. Innovar, sí, pero sin perder de vista el valor añadido que esperan los clientes.

“Nuestra apuesta es por la rentabilidad sostenible con crecimiento selectivo”
Cuando hablan de los próximos años, no lo hacen en términos de cifras cerradas, sino de trayectoria. El objetivo, explican, es consolidar lo alcanzado y seguir avanzando en aquellas áreas que consideran estructurales para el negocio jurídico actual: Derecho Digital, Energía, Laboral, Fiscal y M&A, con un foco sectorial claro en tecnología, energía, farmacéutico y gran consumo.
“Nuestra apuesta es por la rentabilidad sostenible con crecimiento selectivo. Crecer sin una base saludable de rentabilidad erosiona la firma, y perseguir solo margen puede estrangular la innovación y el servicio”.
Desde esta lógica, el crecimiento deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una consecuencia de decisiones bien tomadas a lo largo del tiempo.
Especialización y transversalidad
El eje central de su estrategia pasa por combinar profundidad técnica y visión transversal. Para Sabaté y Ogea, la especialización aislada ya no es suficiente en un mercado marcado por la complejidad regulatoria y operativa de los clientes.
“Seguiremos apostando por la especialización y la transversalidad de nuestros equipos, ofreciendo un servicio excelente y pragmático, y reforzando sectores clave como tecnología, energía, farmacéutico y gran consumo”.
Para los socios codirectores de Baker McKenzie conectar disciplinas, sectores y jurisdicciones no es solo una ventaja competitiva, sino una necesidad para acompañar a clientes que operan en entornos cada vez más sofisticados.
Red global, criterio local
Uno de los rasgos diferenciales del despacho sigue siendo su capacidad para integrar la dimensión internacional con un conocimiento profundo del mercado español.
“Gracias a nuestro profundo conocimiento local y a una red global consolidada, ofrecemos soluciones multijurisdiccionales e integrales que responden a las necesidades de las multinacionales”.
Esa combinación, afirman, permite movilizar recursos de distintas oficinas cuando la naturaleza del asunto lo requiere, manteniendo consistencia, agilidad y cercanía en la ejecución.
“La inteligencia artificial nos permite centrarnos en el valor añadido”
La transformación tecnológica atraviesa toda la conversación, pero sin grandilocuencias. Para Sabaté y Ogea, la inteligencia artificial ya no es una promesa, sino una herramienta que está redefiniendo el ejercicio de la abogacía.
“La inteligencia artificial es ya uno de los elementos que está transformando el mundo de la abogacía, permitiendo reducir el tiempo empleado en tareas repetitivas y aumentando la eficiencia en la prestación de servicios”.
En este sentido, sentencian que el objetivo no es automatizar por automatizar, sino liberar tiempo para el asesoramiento estratégico, la anticipación de riesgos y la toma de decisiones complejas, sin perder de vista la ciberseguridad, la ética y la formación continua del talento.
“Anticipar riesgos y oportunidades es lo que permite mantener un crecimiento sostenido”
El escenario que dibujan para los próximos años combina consolidación del sector, presión macroeconómica y un aumento significativo de las exigencias regulatorias.
“A nivel regulatorio, se intensificarán las normativas sobre sostenibilidad, fiscalidad internacional, protección de datos e inteligencia artificial”.
Asimismo, señalan que adaptarán su “modelo consolidando la especialización en estas áreas, invirtiendo en tecnología y conformando equipos multidisciplinares”.
Para la dirección del despacho, la clave no está en reaccionar, sino en anticiparse y acompañar a los clientes desde una visión integral del riesgo y la oportunidad.
“La cultura es nuestro principal activo y elemento diferenciador”
Cuando la conversación se desplaza hacia el liderazgo, el tono se vuelve más personal. Para ambos, una firma se construye desde la cultura mucho más que desde el organigrama.
“Hemos trabajado para crear entornos que favorezcan el bienestar y el rendimiento, atraer y fidelizar especialistas en áreas de alta demanda y, sobre todo, mantener la cultura como nuestro principal activo y elemento diferenciador”.
Mireia Sabaté y Rodrigo Ogea coinciden en que “la cultura cohesiona equipos y resiste los vaivenes del mercado”. En un contexto de cambio constante, proteger ese activo es, a su juicio, una responsabilidad estratégica.

“La paciencia no es pasividad, sino disciplina estratégica”
Su visión de la carrera jurídica se aleja deliberadamente del éxito inmediato. Construir una trayectoria sólida, sostienen, exige tiempo, criterio y constancia, en un sector donde la presión por los resultados rápidos puede desdibujar el propósito profesional.
“La paciencia no significa pasividad, sino disciplina estratégica: fijar metas alcanzables, medir avances y sostener la calidad en cada entrega”. La reputación, recuerdan, se construye de forma acumulativa y se pierde mucho más rápido de lo que se gana, por lo que cada decisión -por pequeña que parezca- acaba teniendo un impacto real en el largo plazo.
Ese mismo enfoque trasladan a los abogados más jóvenes. Les animan a atreverse, pero sin impulsividad: con método, con intención y con una lectura honesta del contexto en el que desarrollan su carrera. “Fallar pronto y aprender rápido forma parte del proceso; lo esencial es mantener curiosidad, rigor y propósito”.
Dominar regulaciones emergentes, entender el negocio del cliente, incorporar tecnología y buscar exposición internacional forman parte, a su juicio, de una hoja de ruta que sigue siendo válida en un mercado cada vez más exigente y competitivo.
La reflexión final es clara y coherente con todo lo anterior: el crecimiento importa, pero lo verdaderamente diferencial para Mireia Sabaté y Rodrigo Ogea, socios codirectores de Baker McKenzie en España, no es cuánto se crece, sino cómo. Especialización, transversalidad y cultura no son conceptos retóricos, sino las palancas que, bien conectadas, permiten sostener un proyecto jurídico a largo plazo.