Irene Teruel sabía exactamente quién era cuando llegó a Nueva York. El problema es que allí nadie más lo sabía. Con una carrera construida en los despachos de mayor prestigio de España -Clifford Chance, Gómez-Acebo & Pombo- y formación ejecutiva en Stanford y Harvard Business School, descubrió que ese currículum, fuera del contexto en el que había sido construido, no le abría ninguna puerta. Sin el BAR americano, sin una universidad local en el expediente y sin experiencia en empresas del país, tuvo que reinventarse desde cero, literalmente desde una habitación sin ventana en Brooklyn que una amiga usaba como gimnasio. Hoy dirige HiExec, una red de alto nivel para ejecutivas hispanas en Nueva York. Su historia no es solo la de una reconversión profesional exitosa: es la radiografía de lo que le ocurre al talento jurídico iberoamericano cuando cruza el Atlántico y se enfrenta a un sistema que no sabe leerlo.

“Nueva York me pasó de manera circunstancial”.
El punto de partida no fue una decisión estratégica sino un reconocimiento. ¿Qué encontró al llegar?
Llegar a Nueva York fue un reconocimiento de Gómez-Acebo & Pombo por performance y facturación, y siempre estaré muy agradecida del impulso que me dieron Álvaro Mateo, Íñigo Erlaiz y Almudena Arpón -abogados y personas a quienes admiro profundamente. Si soy sincera, nunca me había imaginado viviendo aquí. Nueva York me pasó de manera circunstancial, como resultado de mucho trabajo y esfuerzo, y seis años después aquí sigo. Las mejores cosas que te pasan en la vida, no llegas ni a imaginarlas.
“Por primera vez empecé a creer de verdad que era posible”.
El contacto con el ecosistema empresarial americano aceleró una inquietud que ya existía. ¿Cuándo decidió que el despacho no era el único camino?
Siempre tuve una inquietud enorme por el mundo de los negocios. Si hoy tuviera que elegir carrera, probablemente estudiaría Administración de Empresas, pero con diecisiete años eso no lo sabes. Asesorar a empresas, sentarme en consejos de administración, hacer due diligence en compañías tecnológicas, conocer a fundadores en plena construcción de algo desde cero… todo eso como abogada me fue dando una perspectiva del mundo empresarial y sembrando la inquietud de querer estar al otro lado.
“Fue al llegar a Estados Unidos cuando todo encajó: aquí vi con mucha más claridad oportunidades concretas para aplicar mi experiencia jurídica desde el lado de empresa, y por primera vez empecé a creer de verdad que era posible”.
Dicho esto, no fue nada fácil. Como mujer inmigrante hispana, muchas puertas estaban cerradas por no tener el BAR, no ser graduada de una universidad americana y no tener experiencia en empresas locales. Y la vida en Nueva York al principio es un choque cultural y de velocidad enorme. Viví en una habitación sin ventana en Brooklyn que una amiga usaba como gimnasio. Aún recuerdo la cara de mis padres cuando la vieron: de terror absoluto. Conseguir que una empresa me sponsorizara la visa fue una odisea: tuve ofertas muy buenas que se caían en el momento en que decía que no tenía green card. Pero seguí intentándolo, conecté con personas extraordinarias, y me reinventé hasta que lo conseguí.
“Hecho y bien enfocado vale más que perfecto y tarde”.
El debate sobre si la formación jurídica es ventaja o lastre para quien quiere liderar desde el negocio tiene en usted un caso de estudio. ¿Qué ha ganado y qué ha tenido que soltar?
Sin ninguna duda el background legal es una ventaja, especialmente si tu práctica es mercantil. El contacto directo con el mundo empresarial te da una perspectiva única. Como abogada, el marco regulatorio no es un obstáculo sino una herramienta: entenderlo antes de iniciar una expansión es clave, y si tienes formación jurídica, ese proceso es mucho más ágil porque ya sabes dónde mirar y qué preguntar.
Lo que he tenido que desaprender activamente es el perfeccionismo. En un despacho, cada documento, cada email, pasa por un filtro de revisión exhaustiva. En el mundo empresarial eso no tiene cabida: todo va muy rápido y tienes que responder con la misma velocidad. Hecho y bien enfocado vale más que perfecto y tarde.
“Aprendí a liderar desde la ejecución, no desde la teoría”.
El paso por el ecosistema startup fue donde esa transformación se aceleró. ¿Qué aprendizaje de esa etapa ha llevado directamente a su trabajo hoy?
Fue una etapa que me obligó a cambiar completamente el chip: de minimizar riesgos a gestionarlos y decidir con rapidez. En el ecosistema startup entendí que no decidir también es una decisión, y normalmente la peor. Aprendí a trabajar con información incompleta, priorizar lo que realmente impacta el negocio y liderar desde la ejecución, no desde la teoría. Hoy me quedo con eso: visión estratégica, velocidad y comodidad en la incertidumbre, que es donde de verdad pasan las cosas.
“Sabes exactamente dónde mirar antes de firmar”.
Bioelements fue el primer gran proyecto donde ese perfil híbrido se puso a prueba a escala real. ¿Cómo funcionó en la práctica?
Construir la operación americana de Bioelements desde cero ha sido uno de los proyectos más exigentes y más completos de mi carrera. Bioelements es una empresa chilena de plásticos flexibles biodegradables, y mi trabajo fue traerla al mercado estadounidense: obtener las certificaciones de BPI y USDA, establecer alianzas estratégicas con conversores, distribuidores y fábricas, montar un equipo y gestionar ventas y operaciones de principio a fin.
La ventaja competitiva ha sido mi perfil híbrido. Todas esas alianzas, ventas o acuerdos estratégicos para la compañía, los negocié directamente, y cuando eres abogada, sabes exactamente dónde mirar en un contrato antes de firmarlo, qué cláusulas te van a condicionar el negocio a dos años vista, dónde está el riesgo real y dónde está el riesgo aparente. No necesitas esperar a que un abogado externo te lo explique: tú ya lo ves, y eso acelera las negociaciones y te da una posición mucho más sólida frente a la otra parte.
“Nada de lo que había hecho era americano”.
HiExec nace de una experiencia muy concreta. ¿Cuál fue el momento en que entendió que había algo que construir ahí?
Me encanta que me hagas esta pregunta. Lo más duro no fue el idioma ni los trámites de visa. Fue entrar a una sala y que nadie supiera ni quién eras, ni el despacho de abogados en el que habías trabajado, ni la universidad en la que habías estudiado, porque nada de lo que había hecho era americano. Volver a empezar desde cero después de haber construido una reputación profesional sólida en España. Aprendí que mi historia era mi presentación, que el acento no era una disculpa sino una credencial. Y por supuesto, a sentirme muy orgullosa de ser española. Y cuando empecé a ver que muchas otras profesionales latinas o hispanas vivían exactamente lo mismo, solas en un país sin su comunidad que las apoyara, entendí que había una gran oportunidad para crear HiExec.
HiExec es una plataforma para conectar a hispanas, latinas, españolas y cualquier profesional con vínculo profundo con el mundo hispanohablante. Nuestra misión es crear una red de confianza donde las hispanas conecten, compartan conocimiento y se abran puertas mutuamente, reuniendo a líderes consolidadas de distintos sectores.
Lo significativo de HiExec no es solo su misión, sino su momento: nace precisamente cuando el clima político en EEUU se endurece y cuando los datos de representación marcan mínimos históricos para las hispanas. Traemos a ejecutivas líderes a dar conferencias, les damos visibilidad a través de entrevistas y organizamos eventos presenciales. No es un grupo de apoyo: es una red de alto nivel donde las ejecutivas hispanas se conectan, se abren puertas y construyen alianzas de forma estratégica.
Y aprovecho para lanzar una invitación directa: si eres una ejecutiva hispana en Nueva York, HiExec es tu comunidad.

“Las mejores cosas que te pasan en la vida, no llegas ni a imaginarlas”.
Una carrera que no ha parado de reinventarse. ¿Qué queda cuando cierra el ordenador, y qué le diría hoy a una abogada española de treinta años que está mirando hacia el otro lado del Atlántico?
Cuando cierro el ordenador, tengo lo más bonito de mi vida: mi marido y mi hijo. Ellos son lo que le da sentido a todo lo demás, y la razón por la que cada mañana vuelvo a abrir el ordenador con ganas.
A una abogada treintañera que quiere venirse a este lado del Atlántico le diría: ¡DA EL SALTO! No importa que seas abogada, que seas ingeniera, que seas profesora, Estados Unidos a pesar de todo lo que se lee en las noticias en cuanto a política y demás, sigue siendo el país de las oportunidades.