Harvey anunció el 18 de agosto el lanzamiento de Harvey II, una reestructuración del producto sobre tres ejes: contexto persistente por expediente (“Spaces”), memoria personal del abogado que se traslada entre Harvey, Word y Outlook, y un modelo de lenguaje propio -Harvey Tenet- entrenado específicamente para razonamiento jurídico. Es el primer modelo propietario de la compañía tras cuatro años operando sobre modelos genéricos de terceros.
El cambio de arquitectura responde a una limitación estructural del producto anterior: cada tarea partía de cero. El abogado debía volver a aportar documentos, explicar la materia y corregir el resultado en cada intervención, incluso dentro del mismo expediente. Harvey II invierte ese punto de partida -los agentes heredan automáticamente documentos, partes, tareas, permisos y murallas éticas del expediente en el que se abren-, lo que la compañía plantea como condición para delegar trabajo jurídico de mayor complejidad, no solo tareas puntuales.
Memory se despliega en tres fases. La primera -preferencias individuales de redacción y estructura- está en fase de acceso anticipado. La segunda, prevista para los próximos meses, extenderá la memoria a un espacio de trabajo compartido. La tercera, sin fecha cerrada, la llevará a nivel de organización, con las firmas y departamentos jurídicos aportando sus propios modos de trabajo dentro de los límites de confidencialidad correspondientes. Harvey sitúa el acceso general de Memory para clientes en el tercer trimestre de este año.
El comunicado de Harvey precisa dos condiciones operativas que no suelen figurar en los anuncios de producto y que sí son relevantes para quien autoriza el uso de estas herramientas con documentación de clientes: los permisos y murallas éticas de cada expediente se sincronizan directamente desde los sistemas ya existentes de la firma hacia el “Space” correspondiente, y el gasto en IA queda vinculado a ese expediente en concreto, no a una cuenta agregada, lo que permite trazar coste por asunto y por cliente. Sobre Memory, Harvey añade que el abogado puede ver, modificar o desactivar por completo lo que el sistema retiene, y que esa información no se usa para entrenar los modelos.
El dato con mayor recorrido para el sector es Harvey Tenet. Hasta ahora, Harvey dependía de modelos de propósito general -principalmente de OpenAI, aunque probaba otros proveedores-. Según la compañía, Tenet es de nivel frontera en los principales benchmarks jurídicos, con un coste operativo equiparable al de modelos de código abierto, lo que permitiría ejecutar agentes de forma continua en cada expediente sin el coste asociado a los modelos generales. Esta comparación de rendimiento y coste es una afirmación de Harvey, sin verificación independiente disponible hasta la fecha. La compañía plantea, además, construir modelos específicos por cliente a partir de su propio historial de trabajo, de forma que dos firmas que usan Harvey terminarían con modelos distintos.
La decisión llega en un momento de tensión competitiva directa. Legora, con sede en Estocolmo, cerró en 2026 una ronda serie D de 550 millones de dólares liderada por Accel, con participación de Benchmark, Bessemer, General Catalyst e ICONIQ, que la valoró en 5.550 millones de dólares. La compañía construye su producto sobre Claude, de Anthropic, y ha concentrado su crecimiento en Estados Unidos, en sentido inverso a la expansión europea de Harvey.
Harvey, por su parte, alcanzó una valoración de 8.000 millones de dólares el pasado otoño, tras una ronda de 160 millones liderada por Andreessen Horowitz que elevó su financiación de 2025 a 760 millones de dólares. La compañía reivindica más de 1.000 clientes en 60 países, incluida la mayoría de los diez primeros despachos estadounidenses por facturación.
Desde Líder Legal, leemos el dato relevante para el mercado iberoamericano no en la cifra de valoración sino en el desplazamiento del criterio de compra. Mientras las herramientas de IA legal de primera generación se evalúan por precisión de research y velocidad de redacción, Harvey II traslada la comparación a un terreno distinto: qué proveedor retiene el contexto de un expediente entre sesiones, quién controla ese contexto una vez almacenado, cómo se traza el gasto por asunto y qué modelo subyacente sostiene el razonamiento. Son las preguntas que, a nuestro juicio, empezarán a aparecer en los procesos de selección de proveedores de firmas y departamentos jurídicos que hoy operan con modelos de propósito general vía prompt, sin capa de memoria ni de gobernanza documental integrada.