ENTREVISTA

João Miranda de Sousa, de Garrigues: “Hoy ya no basta con dominar materias jurídicas específicas”

ENTREVISTA

Mafalda Barreto, de Gómez-Acebo & Pombo: “Los clientes ya no buscan solo abogados, buscan socios estratégicos”

Christiane Reis: “El profesional más valioso combina excelencia técnica con inteligencia emocional, curiosidad y visión global”

Por Heidi Maldonado

Christiane Reis es la responsable de los programas internacionales de la University of Miami School of Law, una institución que opera como puente entre el common law estadounidense y las tradiciones jurídicas latinoamericanas. Brasileña de origen y formada entre São Paulo y Miami, acompaña cada año a centenares de abogados iberoamericanos en su transición hacia el mercado legal internacional. En esta conversación con Líder Legal habla sobre las competencias que las organizaciones exigen y la academia todavía no entrega, el lugar de la inteligencia artificial en la formación jurídica, y por qué Miami se ha convertido en el centro de gravedad del derecho corporativo para América Latina.

Su trayectoria la llevó desde Brasil hasta uno de los programas de derecho internacional más reconocidos de Estados Unidos. ¿Qué la impulsó a cruzar esa frontera académica y profesional?

Normalmente digo que nunca seguí un perfil profesional jurídico «tradicional». De hecho, originalmente ni siquiera quería ser abogada: quería ser diplomática, estudiar relaciones internacionales y trabajar con derecho internacional. El LL.M. en International Arbitration y después el J.D. aquí en Estados Unidos fueron oportunidades que aparecieron casi por casualidad, pero terminé enamorándome tanto de esta área que hoy siento que todo estaba predestinado a ocurrir así. Una vez alguien definió mi perfil como «non-orthodox», y me gustó tanto esa descripción que desde entonces la adopté como parte de mi historia.

Una trayectoria que incluye casi una década alejada del ejercicio profesional para dedicarse a su familia. ¿Cómo reconstruyó desde ahí una carrera de alcance internacional?

Cuando terminé la secundaria en Brasil, sabía que quería estudiar y trabajar con algo internacional, aunque siempre pensé que podía hacer muchas cosas en la vida; incluso llegué a considerar estudiar medicina. Durante la carrera de Derecho entendí que no quería ejercer la profesión de la manera tradicional, y empecé a enfocarme en materias más relacionadas con Derecho Internacional y Derecho Económico, especialmente en mis últimos años de facultad. Una curiosidad de mi trayectoria es que terminé la carrera, aprobé el examen de la OAB, pero nunca retiré mi licencia profesional, que hasta hoy sigue esperando por mí en la OAB/SP. Después dediqué casi diez años a mi familia y a criar a mi hijo como «stay-at-home mom», algo de lo que jamás me arrepentí. Más adelante me mudé de São Paulo a Miami por motivos personales y terminé empezando el LL.M. un poco convencida por mi entonces esposo, porque siempre me encantó estudiar y tenía el sueño de cursar un posgrado en Estados Unidos. Lo que nunca imaginé era que aquí finalmente encontraría mi propósito y verdadera vocación en el arbitraje internacional, una área que, de alguna manera, me reconectó con aquel sueño inicial de construir una carrera verdaderamente internacional.

“Una vez alguien definió mi perfil como ‘non-orthodox’, y me gustó tanto esa descripción que desde entonces la adopté como parte de mi historia”.

La School of Law de Miami opera como bisagra entre el common law y las tradiciones jurídicas latinoamericanas. ¿Cómo conviven esos dos sistemas dentro del aula y qué exige ese tránsito al estudiante que llega de la región?

La gran mayoría de nuestros estudiantes internacionales (incluyéndome a mí) proviene de sistemas de civil law. Y algo que muchas veces es difícil de comprender antes de vivirlo directamente es cómo pueden coexistir dos maneras tan distintas de entender el derecho: el civil law y el common law. No son necesariamente visiones excluyentes, sino formas diferentes de pensar, interpretar y practicar el derecho. Creo que cualquier profesional que quiera desarrollar una carrera verdaderamente internacional necesita haber «bebido» de ambos sistemas. Al final del día, quienes trabajamos en el ámbito internacional terminamos convirtiéndonos, de alguna manera, en «diplomáticos de leyes» y debemos ser capaces de navegar entre diferentes culturas jurídicas, interpretar distintas lógicas legales y comunicarnos con clientes, colegas o instituciones que operan desde perspectivas completamente distintas.

¿Ha cambiado el perfil del profesional latinoamericano que llega hoy a Miami Law frente al de hace una década?

Nuestros programas internacionales están diseñados no solo para enseñar contenidos jurídicos, sino también para ayudar a los estudiantes a adaptarse a otra cultura legal: desde el método socrático en clase, hasta la forma de escribir, argumentar y comunicarse oralmente, que cambia muchísimo entre ambos sistemas. En mi propio trabajo, veo eso todos los días. Parte de mi rol es justamente acompañar a estudiantes de distintas culturas y trayectorias para ayudarlos a navegar esa transición académica y profesional. Y Miami, como ciudad, también facilita enormemente esa integración. Su carácter multicultural, especialmente para los latinoamericanos, hace que sea un lugar muy natural para comenzar o fortalecer una carrera internacional. El perfil del estudiante latinoamericano también ha evolucionado en los últimos años. Antes quizás predominaba más la idea de venir a obtener un título estadounidense. Hoy vemos profesionales mucho más globales, estratégicos y conscientes de que necesitan entender múltiples sistemas jurídicos, desarrollar habilidades interculturales y construir redes internacionales para poder competir en un mercado legal cada vez más transnacional.

“Quienes trabajamos en el ámbito internacional terminamos convirtiéndonos, de alguna manera, en ‘diplomáticos de leyes’: debemos navegar entre diferentes culturas jurídicas e interpretar distintas lógicas legales”.

Usted forma a los profesionales que mañana ocuparán posiciones de dirección jurídica en empresas multinacionales y despachos de primer nivel. ¿Qué brecha concreta detecta entre lo que el mercado exige y lo que la academia entrega?

Creo que hoy destacarse en el mercado legal internacional se ha vuelto mucho más difícil y competitivo. Las credenciales tradicionales —buenas notas, idiomas, títulos académicos y experiencia internacional— siguen siendo importantes, pero ya no son suficientes por sí solas. En ciertos espacios altamente competitivos, como grandes firmas internacionales, incluso un LL.M. ya no necesariamente diferencia a un candidato; en muchos casos, un J.D. en Estados Unidos empieza a convertirse también en una ventaja importante o incluso indispensable. Sin embargo, lo más interesante es que las organizaciones ya no buscan únicamente excelencia técnica. Hay habilidades humanas y estratégicas que se han vuelto absolutamente esenciales y que, en mi opinión, la formación jurídica tradicional todavía no desarrolla con suficiente profundidad.

¿Cuáles son esas habilidades que más le preocupa que la academia no esté formando con profundidad suficiente?

Una de ellas es la capacidad de adaptación. Vivimos en un mundo extremadamente dinámico, donde los modelos de trabajo, los mercados y hasta las áreas del derecho cambian muy rápido. Los profesionales que logran destacarse son aquellos que tienen flexibilidad, resiliencia y la capacidad de reinventarse constantemente. También veo cada vez más importante el tema de la salud emocional y mental. El mercado legal internacional puede ser muy exigente y competitivo, y muchas veces las universidades preparan a los estudiantes para rendir académicamente, pero no necesariamente para manejar presión, incertidumbre o cambios constantes. Otra competencia fundamental es la curiosidad intelectual. Los mejores profesionales son aquellos que nunca dejan de aprender, que mantienen la mente abierta y que entienden que una carrera internacional no siempre sigue un camino lineal. Muchas oportunidades aparecen justamente en espacios o áreas que uno jamás imaginó inicialmente.

El networking aparece cada vez más en esa conversación. ¿Ha cambiado su naturaleza o sigue siendo el mismo mecanismo de siempre con otro nombre?

Y, por supuesto, el networking se ha convertido en una herramienta esencial. Pero no solo como un mecanismo para «encontrar trabajo». El networking real implica construir relaciones genuinas, aprender de otras industrias, exponerse a diferentes perspectivas y entender que muchas oportunidades nacen precisamente de conversaciones y conexiones inesperadas. Por eso siempre recomiendo a los estudiantes participar en eventos no solo de su área específica, sino también de otros sectores, porque nunca se sabe de dónde puede surgir una nueva oportunidad o incluso una nueva pasión profesional. Al final, creo que el profesional más valioso hoy no es necesariamente quien tiene el currículum perfecto, sino quien logra combinar excelencia técnica con inteligencia emocional, curiosidad, capacidad de adaptación y una visión verdaderamente global.

“Las universidades preparan a los estudiantes para rendir académicamente, pero no necesariamente para manejar presión, incertidumbre o cambios constantes”.

La inteligencia artificial ejecuta en segundos tareas que antes requerían años de práctica. ¿Qué posición ha tomado Miami Law frente a ese debate y dónde traza el límite entre herramienta y sustituto?

Creo que este es, sin duda, uno de los temas más urgentes e importantes que enfrentan hoy las facultades de derecho. Personalmente, siempre he sido bastante «old school» respecto a nuevas tecnologías y cambios digitales, pero también entiendo que existe una necesidad inevitable de adaptarnos y aprender a utilizar estas herramientas a nuestro favor —claro, de una manera ética y responsable. He visto que algunas universidades en Estados Unidos han optado por restringir o incluso prohibir el uso de inteligencia artificial debido a preocupaciones relacionadas con plagio y honestidad académica. Sin embargo, honestamente no creo que esa sea la solución correcta. La inteligencia artificial ya forma parte de la realidad profesional y académica; ignorarla o intentar eliminarla del proceso educativo no hará que desaparezca. Quizás el verdadero desafío sea enseñar a los estudiantes cómo utilizarla correctamente. Incluso algo tan aparentemente simple como aprender a crear buenos prompts se está convirtiendo en una habilidad importante.

¿Qué riesgo concreto corre un estudiante de derecho que delega en la IA las tareas que forman el criterio jurídico?

En Miami Law ya ofrecemos cursos relacionados con inteligencia artificial, tecnología y derecho, y creo que cada vez más la conversación dejará de ser si usar o no IA, para pasar a enfocarse en cómo usarla de manera inteligente, ética y estratégica. Ahora bien, desde la perspectiva educativa, también existe una preocupación muy válida. Muchas de las tareas que hoy la IA puede ejecutar rápidamente -resúmenes, investigaciones preliminares, redacción básica- forman parte precisamente del proceso mediante el cual los estudiantes desarrollan una habilidad fundamental: el criterio jurídico. Y esa capacidad no puede delegarse completamente a una herramienta tecnológica. Porque al final, estudiar derecho no es solamente encontrar respuestas rápidas: es aprender a analizar, interpretar, argumentar, gestionar presión y desarrollar pensamiento crítico. Y eso requiere tiempo, esfuerzo y, muchas veces, incomodidad intelectual. Por eso creo que existe un equilibrio delicado. La IA puede ser una herramienta extraordinaria de apoyo, pero no debería reemplazar el proceso profundo de aprendizaje. De hecho, algunos estudios empíricos muestran que la inteligencia artificial ayuda mucho en la ejecución rápida de tareas, pero no necesariamente promueve comprensión profunda ni motivación para aprender. Y si queremos formar abogados realmente inteligentes, los estudiantes todavía necesitan pasar por el proceso difícil de aprender a pensar jurídicamente, administrar su tiempo y enfrentar problemas complejos por sí mismos. Porque una vez que entran al mercado profesional, las exigencias, la presión y la complejidad solo aumentan. En mi opinión, las escuelas de derecho hoy deben enseñar cómo convivir con la tecnología sin perder el pensamiento crítico, el juicio humano y la capacidad de análisis que siguen siendo el verdadero núcleo de la profesión jurídica.

“La conversación dejará de ser si usar o no IA, para pasar a enfocarse en cómo usarla de manera inteligente, ética y estratégica”.

El Foro Gerencias Legales de Miami 2026, organizado por Gericó Associates, reúne en su ciudad a los directivos jurídicos más influyentes de Iberoamérica. ¿Qué representa ese tipo de espacios para el ecosistema legal regional y qué le gustaría que los GCs se llevaran de regreso a sus organizaciones?

Creo que espacios como el Foro Gerencias Legales Miami 2026 tienen hoy un valor enorme para el ecosistema jurídico iberoamericano porque reflejan una realidad muy clara: Miami ya no es solamente una «puerta de entrada» hacia América Latina, sino un verdadero centro donde negocios, inversiones y decisiones estratégicas están ocurriendo. En los últimos años, la ciudad se consolidó como un hub internacional para sectores como tecnología, finanzas, arbitraje, energía e inversiones cross-border. Firmas internacionales, multinacionales y fondos de inversión han expandido fuertemente su presencia aquí, lo que también transformó profundamente el mercado legal. Por eso, el Foro representa mucho más que un encuentro jurídico. Es un espacio de conexión entre líderes que están definiendo el futuro de las organizaciones y del mercado legal regional. Y en ese contexto, el networking adquiere un valor enorme. Muchas veces las oportunidades, alianzas e ideas más importantes nacen justamente de esas conversaciones y conexiones humanas. Desde la academia, me gustaría que los general counsels y directores jurídicos se llevaran la idea de que el abogado internacional de hoy necesita mucho más que excelencia técnica. Debe entender negocios, tecnología, culturas diferentes y tener la capacidad de adaptarse a un mundo cada vez más dinámico y global. Y creo que Miami representa perfectamente esa transformación: una ciudad multicultural, internacional y estratégica, especialmente para Iberoamérica, donde distintas culturas jurídicas y formas de hacer negocios conviven todos los días.

“Miami ya no es solamente una ‘puerta de entrada’ hacia América Latina, sino un verdadero centro donde negocios, inversiones y decisiones estratégicas están ocurriendo”.

Brasileña en Miami, formadora de juristas que operarán en decenas de jurisdicciones. Una trayectoria que cruzó fronteras, idiomas y etapas vitales muy distintas. ¿Qué la sostiene en ese rol y qué encuentra fuera del aula que la recarga?

Creo que lo que más me sostiene en este rol es justamente el aspecto humano y multicultural de la profesión. Haber vivido entre distintos países, idiomas y sistemas jurídicos me enseñó que el derecho internacional va mucho más allá de leyes y contratos: se trata de construir puentes entre culturas, formas de pensar y maneras diferentes de entender el mundo. Mi propia trayectoria nunca fue lineal ni tradicional, y quizás por eso conecto tanto con estudiantes internacionales que también están atravesando procesos de adaptación, cambio e incluso incertidumbre. Parte de mi trabajo consiste justamente en ayudarlos a navegar no solo un nuevo sistema jurídico, sino también una nueva cultura académica y profesional.

Fuera del aula, me inspira muchísimo seguir aprendiendo y conocer personas de distintas partes del mundo. Y honestamente, gran parte de mi inspiración viene también de los propios estudiantes y de ver cómo una experiencia internacional transforma su confianza, su visión del mundo y muchas veces hasta su propósito profesional.

¿Qué le diría a un estudiante latinoamericano que hoy duda si vale la pena apostarlo todo a una formación internacional?

A un estudiante latinoamericano que hoy duda si vale la pena apostar por una formación internacional, le diría que muchas veces las mejores oportunidades aparecen justamente fuera de nuestra zona de confort. Una experiencia internacional no solo abre puertas profesionales; también transforma profundamente la manera en que uno se entiende a sí mismo y al mundo.

 

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