Esta entrevista se enmarca en el especial “Qué modelo de despacho se impone en Portugal: las apuestas de los managing partners en 2026”, un análisis que recoge la visión de los principales líderes del sector sobre la evolución del mercado jurídico portugués.
En ese contexto, João Miranda de Sousa, socio responsable de Garrigues en Portugal, plantea una de las transformaciones más profundas -y menos evidentes- del sector: el cambio ya no está solo en los despachos, está en el abogado.
En un mercado donde el cliente es más sofisticado, los negocios más complejos y la tecnología más presente, el conocimiento jurídico ha dejado de ser el único factor diferencial.
“Hoy ya no basta con dominar materias jurídicas específicas.”
A partir de ahí, Miranda de Sousa introduce una idea clave para entender la evolución del mercado: el abogado que viene no es solo más técnico, sino más completo, capaz de integrar conocimiento jurídico, visión estratégica y comprensión real del negocio del cliente.

El abogado ya no compite solo por conocimiento jurídico
Durante años, la excelencia técnica ha sido el principal elemento de diferenciación en el sector legal. Hoy sigue siendo imprescindible, pero ya no es suficiente.
Miranda lo plantea con claridad: el mercado ha elevado el nivel de exigencia y ha desplazado el foco hacia un perfil profesional más amplio.
“Hoy ya no basta con dominar materias jurídicas específicas”.
Este cambio obliga al abogado a ampliar su capacidad de análisis y su forma de aproximarse a los problemas.
“Se espera que el abogado tenga una visión multidisciplinar de las realidades con las que se enfrenta y que combine rigor técnico con la capacidad de comprender de manera amplia -y desde todas las perspectivas del derecho- los desafíos, oportunidades y riesgos de la actividad, los proyectos y las iniciativas de sus clientes”.
El abogado deja así de ser un especialista centrado en una materia para convertirse en un profesional capaz de interpretar contextos complejos y aportar soluciones con impacto.
Tecnología: eficiencia que eleva el nivel de exigencia
La tecnología, y en particular la inteligencia artificial, está contribuyendo a acelerar este cambio. Miranda de Sousa explica que su impacto es claro en la reducción de tareas repetitivas y de bajo valor añadido, lo que permite reorganizar el trabajo jurídico.
“La adopción de herramientas de inteligencia artificial permitirá reducir de forma significativa las tareas repetitivas o de bajo valor añadido”, señala.
Pero el efecto más relevante no es solo operativo. “Liberando progresivamente a los abogados para actividades que aporten mayor valor y cuya correcta ejecución exige conocimientos técnicos especializados, así como una elevada capacidad de análisis y juicio crítico”.
Es decir, la tecnología no reduce la exigencia del abogado. La aumenta.
Al eliminar tareas mecánicas, desplaza el valor hacia aquellas capacidades que no pueden automatizarse: el análisis, el criterio y la toma de decisiones.
Multidisciplinariedad y visión de negocio: el nuevo estándar
La evolución del cliente corporativo es el principal motor de este cambio. La globalización y la digitalización han elevado el nivel de sofisticación de las empresas, que ahora exigen un asesoramiento más completo.
En este contexto, el mercado ya no premia únicamente el conocimiento jurídico.
“El mercado premia a los profesionales que combinan un sólido conocimiento jurídico con competencias sectoriales, visión estratégica y alfabetización tecnológica, capaces de ofrecer soluciones integradas, eficientes y orientadas a resultados”.
Esto implica que el abogado debe ser capaz de entender el negocio del cliente, su sector y su contexto económico, además del marco jurídico.
El derecho deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una herramienta dentro de una visión más amplia.
Rainmakers “hands on”: el valor se construye desde el trabajo
En este escenario, también evoluciona el concepto de desarrollo de negocio dentro de las firmas. João introduce una visión clara y coherente con el resto de su discurso:
“En Garrigues, los únicos rainmakers son los abogados ‘hands on’”.
Es decir, aquellos profesionales cuya capacidad de generar negocio se basa en su trabajo, su trayectoria y la confianza que construyen con los clientes.
“Son aquellos profesionales que, a través de su historial de éxitos profesionales, su talento, sus capacidades técnicas, su permanente cercanía a los clientes y la imagen de confianza que generan gracias a su trabajo diario, desempeñan un papel insustituible en la captación y expansión del negocio”.
El desarrollo de negocio no se separa del ejercicio jurídico. Es una consecuencia directa de la calidad del trabajo.
Sectores en crecimiento en una economía en transformación
Desde el punto de vista del mercado, Garrigues afronta 2026 con confianza, apoyado en su presencia internacional y su diversificación.
Miranda de Sousa identifica oportunidades claras en sectores clave para la economía portuguesa: energías renovables e hidrógeno verde, tecnologías digitales, infraestructuras estratégicas, modernización industrial, turismo e inmobiliario.
Estas áreas reflejan las grandes transformaciones estructurales del país: transición energética, digitalización y atracción de inversión. Sin embargo, este escenario positivo convive con ciertos factores de incertidumbre, como la evolución del comercio internacional o el posible descenso de los fondos europeos, que podrían afectar al ritmo de crecimiento.
Formación continua: una exigencia, no una opción
En un contexto donde el perfil del abogado se está redefiniendo, la formación continua adquiere un papel central.
Miranda lo plantea de forma directa y sin matices:
“Un abogado que no invierte en formación continua pierde competitividad, reduce el valor que aporta a sus clientes y limita su crecimiento dentro de la organización”.
En una firma como Garrigues, esta idea no es solo una recomendación, sino un principio estructural recogido en su Código de Ética. El conocimiento jurídico evoluciona, pero también lo hacen las competencias necesarias para ejercer la profesión.

Liderar desde el ejemplo en un entorno exigente
Por último, Miranda de Sousa aborda el papel del liderazgo en los despachos. Para él, la cultura organizativa no es un concepto abstracto, sino el reflejo directo de quienes la dirigen.
“El liderazgo -que debe ejercerse con humildad y a través del ejemplo- debe garantizar que la apuesta por la tecnología, la mejora continua y la orientación permanente a resultados se combine con una cultura basada en la cercanía con el cliente, la colaboración interna y el bienestar de las personas”.
El reto consiste en equilibrar exigencia, innovación y sostenibilidad. Un equilibrio especialmente relevante en un sector donde la presión es constante y donde la capacidad de atraer y retener talento se ha convertido en un factor clave.
La reflexión de João Miranda de Sousa, socio responsable de Garrigues en Portugal, introduce un cambio de perspectiva dentro del debate sobre el futuro del sector legal en Portugal. Durante años, la conversación ha girado en torno al modelo de despacho, la tecnología o la competencia. Pero el mercado está desplazando el foco hacia otro lugar.
Hacia el perfil del abogado.
Porque en un entorno donde todos pueden acceder a tecnología, donde la eficiencia se iguala y donde el conocimiento técnico es condición de entrada, la verdadera diferencia se construye en otra capa: en la capacidad de interpretar, conectar y decidir.
El futuro del sector no dependerá solo de qué hagan los despachos, dependerá de quiénes sean sus abogados y de si están preparados para responder a una exigencia que ya no es solo jurídica, sino estratégica.
“Hoy ya no basta con dominar materias jurídicas específicas”.
Una frase que, más que describir el presente, define el estándar del futuro.