Hablar con Ignacio Aparicio, para el especial Líderes 2026: visión y retos de los despachos españoles, es hablar de transición. No de una transición abstracta o futurista, sino de una muy concreta: la que vive hoy la abogacía cuando la tecnología deja de ser un elemento accesorio y pasa a condicionar la forma misma de ejercer el Derecho. Desde su posición como Executive Partner de Andersen, su discurso rehúye el entusiasmo vacío y se apoya en una idea clara: la innovación solo tiene sentido cuando mejora el criterio y la capacidad de decisión.
“La inteligencia artificial ha pasado de ser una palabra de moda a una práctica estándar integrada en nuestras operaciones diarias”. La afirmación marca el tono. En Andersen, la IA no se plantea como sustituto del abogado, sino como una herramienta que reordena prioridades y libera tiempo para aquello que realmente aporta valor.
“El impacto es dual: mayor eficiencia operativa y una mejora real en la calidad del servicio, porque permite que los abogados se concentren en el trabajo estratégico de alto valor”.
Desde 2025, la firma trabaja con plataformas de IA generativa legal y, en este 2026, el objetivo es ampliar capacidades y compatibilizar soluciones. No se trata solo de automatizar procesos, sino de integrar análisis predictivo, diagnóstico digital y optimización interna. “Los abogados que utilizan la IA para aumentar su trabajo tienen una ventaja competitiva significativa”, resume Aparicio, con una advertencia implícita: quien no se adapte quedará fuera del nuevo estándar profesional.
Anticiparse antes de que la norma obligue
Esa visión pragmática se refleja con especial claridad en el ámbito regulatorio. Para Aparicio, una de las apuestas más relevantes de Andersen es el asesoramiento en inteligencia artificial, precisamente en un momento en el que la Ley de IA de la Unión Europea comienza a desplegarse de forma progresiva.
“Estamos anticipándonos a las necesidades de cumplimiento que van a surgir en 2026, reforzando alianzas estratégicas y desarrollando productos junto con operadores del máximo nivel”.
La clave, insiste, no es reaccionar cuando la norma ya está encima de la mesa, sino acompañar a las organizaciones en la toma de decisiones previas, cuando aún hay margen para diseñar bien los modelos de gobernanza, control y rendición de cuentas.
Ese enfoque explica también la apuesta decidida por el asesoramiento transversal por industrias. Sectores como los data centers concentran hoy retos legales, fiscales, regulatorios y estratégicos que no admiten compartimentos estancos.
“España y Portugal están emergiendo como puertas digitales entre Europa, África y las Américas, y ahí el abogado debe posicionarse como socio estratégico del negocio, no como mero intérprete de la norma”.

Un entorno que exige lectura fina
La visión macroeconómica que maneja Aparicio para 2026 es moderadamente optimista, pero sin complacencias. Prevé un escenario de estabilización, con crecimiento más contenido y mejores condiciones de financiación, que impulsará la actividad transaccional, especialmente en tecnología y energías renovables.
“Esperamos que los volúmenes de M&A en Iberia crezcan entre un 10 % y un 15 % respecto a 2025”, apunta, aunque advierte que este contexto exigirá una gestión más sofisticada del riesgo y de los costes. A ello se suma un entorno regulatorio cada vez más exigente en sostenibilidad, protección de datos y ciberseguridad.
“La clave estará en consolidar la especialización, invertir en tecnología y conformar equipos verdaderamente multidisciplinares”.
El cumplimiento, en este escenario, deja de ser formal para convertirse en estructural. Normativas como CSRD, NIS2 o DORA obligan a las empresas a integrar el riesgo legal en su operativa diaria, y ahí el asesoramiento jurídico vuelve a ganar peso estratégico.
Talento, cultura y proyecto compartido
Cuando habla de talento, Aparicio evita los tópicos. Retener y atraer a los mejores no pasa solo por ofrecer buenas condiciones económicas, sino por construir un proyecto con sentido.
“Al talento legal de alto nivel se le atrae ofreciéndole certidumbre sobre su futuro, sentido de pertenencia y apoyo real para poner en marcha iniciativas propias”.
La tecnología vuelve a aparecer como elemento clave, pero siempre subordinada a la experiencia profesional. “Eliminamos tareas tediosas y permitimos que los equipos se centren en trabajo intelectualmente estimulante”. Sin embargo, el verdadero diferencial está en la cultura. “Quien viene nos hace siempre mejores de lo que somos”, afirma, subrayando la importancia de un entorno de colaboración y compañerismo como base del crecimiento sostenible.
El abogado que viene
Mirando a 2026, Aparicio dibuja un perfil de abogado muy distinto al tradicional. Capaz de analizar datos, con adaptabilidad tecnológica real y pensamiento geopolítico.
“La IA dejará de ser opcional, y los abogados que no la utilicen para aumentar su trabajo serán reemplazados por quienes sí lo hagan”.
Pero junto a la técnica, destaca otro factor: la experiencia del cliente. “El conocimiento jurídico se reequilibra con la calidad de la interacción entre abogado y cliente”.
El liderazgo, en paralelo, se expande. Exige visión regional, capacidad de gestionar el cambio cultural y orientación clara a la generación de valor medible.
“Los departamentos jurídicos están dejando de ser defensores del negocio para convertirse en impulsores de resultados empresariales”.
El futuro del sector legal, en visión de Ignacio Aparicio, no se decidirá solo por la velocidad de adopción tecnológica ni por la sofisticación normativa, sino por la capacidad de las firmas para construir proyectos con sentido. La inteligencia artificial puede transformar procesos y mejorar la eficiencia, pero no sustituye aquello que sostiene de verdad una organización en el tiempo. “La tecnología mejora los procesos, pero lo que sostiene una firma es la cultura. Puedes tener las mejores herramientas del mercado, pero sin sentido de pertenencia, exigencia compartida y confianza, no hay proyecto que aguante”.
En un contexto de cambio acelerado, liderazgo, talento y cultura dejan de ser conceptos intangibles para convertirse en la verdadera ventaja competitiva del Derecho que viene.