Por Heidi Maldonado
En el dinámico mundo de la abogacía, donde la especialización y la experiencia internacional marcan la diferencia, hay trayectorias que destacan por su valentía y capacidad de reinvención. Sergi Garcés es uno de esos profesionales. Tras una década en despachos de primer nivel como Baker McKenzie, decidió dar un giro radical a su vida: dejar la seguridad de las grandes firmas para recorrer el mundo y, más tarde, construir su propia práctica desde cero.
Hoy, Sergi Garcés es un referente en fiscalidad internacional, asesorando a grandes patrimonios y expatriados en un entorno cada vez más globalizado y complejo. Su visión, forjada tanto en despachos de élite como en la experiencia vital de viajar y emprender, le permite abordar los retos fiscales con una perspectiva única, combinando rigor técnico, empatía y una mentalidad abierta al cambio.
En esta entrevista, conducida por Heidi Maldonado, directora de Líder Legal, exploramos los aprendizajes, desafíos y claves del éxito de un abogado que ha sabido transformar cada etapa de su carrera en una oportunidad para crecer, innovar y aportar valor a sus clientes y al sector legal.
“Descubrí que una abogacía en remoto era posible si se estructuraba correctamente”

Después de una década en despachos de primer nivel como Baker McKenzie, decidiste parar y dar la vuelta al mundo. ¿Cómo influye esa experiencia vital en tu forma de ejercer hoy como abogado?
Ya no como abogado, sino como persona. Una experiencia de estas características te abre la mente, valoras detalles a los que en tu día a día no das importancia, te permite disfrutar de cada instante y tienes tiempo para pensar. Pararte a pensar en tus próximos pasos, proyectos o la gestión de tu negocio es tan importante o más que atender clientes. Además, descubrí que una abogacía en remoto era posible si se estructuraba correctamente y fue de lo primero que apliqué: trabajar donde tenga conexión a internet sin depender de una oficina. Tiene sus pro y contras, pero es posible con mucha disciplina.
¿Qué te llevó a dejar el camino seguro y establecido en grandes firmas para empezar de cero por tu cuenta?
Primero fue el salto al vacío al marcharme de Baker y dar la vuelta al mundo. Estaba en un momento muy dulce, pero el momento vital era ahora o cuando me jubilara. El hecho de empezar por mi cuenta fue un poco por accidente. Tras un año viajando, en enero de 2020 empecé a estar atento a nuevos proyectos. Había algunos proyectos que estaban muy avanzados tras un par de meses de negociación, pero con el COVID y el confinamiento en marzo del 2020 todos los proyectos se quedaron en nada. Con 2000 € (literalmente) en la cuenta bancaria y mucho tiempo libre encerrado en casa de mis padres durante el confinamiento, opté por empezar por mi cuenta hablando con todos los contactos y conocidos tras más de 10 años de abogacía. La reacción fue increíble, no me lo esperaba, empezaron a ayudarme refiriéndome a clientes con el mismo denominador común, tenían una situación que requería de conocimiento de fiscalidad internacional.
“Cada cliente tiene una historia que contar y unas necesidades particulares. De todos ellos siempre aprendes”
¿Qué es lo que más valoras de haber construido una práctica desde cero?
La libertad de ejercer la abogacía y el continuo aprendizaje. Reconozco que suenan a tópico, pero es la realidad.
A lo largo de mi carrera profesional en boutique, medianas y grandes firmas, he ejercido la abogacía en función de las necesidades de cada despacho, las cuales son totalmente diferentes. No es lo mismo asesorar a un emprendedor que ha creado su negocio desde cero en España que asesorar a un Family office o asesorar a un gran patrimonio con intereses en diferentes jurisdicciones.
Al final, cada cliente tiene una historia que contar y unas necesidades particulares. De todos ellos siempre aprendes y te exigen estudiar constantemente, porque no hay dos situaciones iguales. Un cliente puede trasladarse de USA a España y debes estudiar qué sucede en USA para poder asesorarle, o de Reino Unido, Ucrania, India, Polonia…
Tienes un perfil muy especializado en fiscalidad internacional. ¿Qué te diferencia de otros perfiles más generalistas del sector?
La fiscalidad internacional para mí es un puzle. Tienes diferentes piezas que deben encajar para evitar doble imposición, regímenes especiales, incumplimientos con las obligaciones fiscales en la jurisdicción correspondiente. Las piezas siempre son las mismas: el cliente, su patrimonio, sus ingresos, los países involucrados, el convenio de doble imposición aplicable y la normativa de las jurisdicciones involucradas. Todas estas piezas deben encajar y muchas veces mi tarea es analizar el caso, preparar las diferentes alternativas y coordinar con los asesores de las otras jurisdicciones para el correcto traslado a España.
Trabajas con patrimonios elevados y expatriados. ¿Qué errores fiscales ves más a menudo cuando alguien se muda a España o cambia de país sin un asesoramiento adecuado?
El más frecuente es no realizar una planificación fiscal antes de la llegada a España. Cada vez son más las personas, sobre todo de Estados Unidos, que se interesan más por las implicaciones fiscales que tendrán en España si algún día se mudan. Cuando eres residente fiscal en España tributas por renta mundial y cualquier modificación en el patrimonio o en los ingresos de su jurisdicción puede suponer una factura fiscal elevada, mientras que si las modificaciones se realizan antes de su traslado es posible que se ahorren mucho dinero.
Pensemos en cuestiones sencillas como una donación entre cónyuges o de padres a hijos, por lo que en muchas jurisdicciones no se tributa. Si esta donación se implementa antes de adquirir la residencia fiscal en España, puede suponer un ahorro considerable en el país. El segundo error más frecuente que veo son clientes que han solicitado la aplicación de la ley Beckham y no cumplen los requisitos.
Has identificado varios casos recientes de errores en la aplicación de la Ley Beckham. ¿Qué está ocurriendo y cómo afecta a los contribuyentes?
La ley Beckham es muy caprichosa. Si cumples formalmente los requisitos te la conceden, y los clientes creen que ya están “blindados” para los próximos 5 años. El problema está en la cantidad de matices a tener en cuenta, cómo se complementa el modelo 149 y los abusos que se intentan hacer.
Por ejemplo, me encuentro casos que tienen una Beckham y trabajan por cuenta propia en el extranjero además de su trabajo en España, casos en los que constituyen sociedades para prestar servicios profesionales o casos en los que ya estaban residiendo en España antes de pedir la Beckham y el nexo entre el desplazamiento y ser apto para la Beckham está muy diluido.
Los clientes no son conscientes del peligro de perder la Beckham. De no tributar en España por ingreso extranjero a tributar en España por todo hay un abismo. Imaginemos que has vendido una participación en una sociedad extranjera. Si estás bajo la Beckham, España no debería preocuparte. Ahora bien, si te la quitan, la factura fiscal que no te esperabas puede ser del 19 % al 28 %. Todo ello sin olvidarnos del Impuesto sobre el Patrimonio o Impuesto de Solidaridad de Grandes Fortunas.
También estás involucrado en un procedimiento relevante relacionado con el convenio de doble imposición con EE.UU. ¿Qué está fallando en su aplicación actual?
El CDI con EE. UU. tiene una particularidad para los ciudadanos americanos. Siempre tributan en EE. UU. por su renta mundial, aunque no sean residentes fiscales.
Esta particularidad influye en los mecanismos para evitar la doble imposición. Debe analizarse qué tipo de renta tiene derecho a deducción por doble imposición y si la doble imposición se evita en España o en EE.UU.
La propia mecánica del convenio es diferente a la de los otros convenios y no solo debes revisar la parte española, sino también que en EE. UU. se esté aplicando correctamente el convenio. En caso contrario, el cliente está abonando impuestos extras que no le corresponderían.
En el caso de España, estamos encontrando una fuerte litigiosidad con las deducciones por doble imposición con EE. UU. y una interpretación muy restrictiva del convenio.
¿Qué retos fiscales crees que pasarán a primer plano en los próximos años en España, especialmente para grandes patrimonios y expatriados?
El gran reto que veremos para mí son los grandes patrimonios de la generación “baby boom” que se han jubilado o bien lo tienen en mente. Todos ellos han acumulado riqueza a lo largo de su vida laboral que quieren disfrutar. Ahora bien, la han acumulado bajo unas normas que están pensadas para que, una vez llegada la jubilación, gocen de ciertas prerrogativas fiscales en su país.
El problema nace cuando se trasladan de país. Las ventajas fiscales que tenían puede ser que no existan en la otra jurisdicción y les suponga un grave perjuicio en su patrimonio.
Por ello, es totalmente necesario planificar fiscalmente el traslado de residencia. Por ejemplo, quizás es más ventajoso rescatar el plan de pensiones de UK mientras se reside en UK, aunque se deban abonar penalizaciones. La comparativa ya no es analizar un hecho (rescato el plan en UK o en España), ahora debo analizar qué sucede si lo rescato de golpe o fraccionado en UK, o bien lo rescato cuando estoy en España de forma fraccionada a lo largo de 20 años.
¿Cuál crees que es el mayor riesgo fiscal hoy para alguien con patrimonio relevante que se muda a España desde EE.UU.?
El mayor riesgo para un ciudadano americano es que no se evite la doble imposición en España y/o en EE. UU., bien sea por mala aplicación del convenio y las deducciones por doble imposición o por litigiosidad con la Agencia Tributaria.
Es muy importante conocer las reglas de juego con EE. UU., que en este caso es el convenio y analizar qué sucede en las dos jurisdicciones.
¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje desde que decidiste dejar la estructura tradicional y empezar a construir por tu cuenta?
En la estructura tradicional tienes un equipo enorme a tu alrededor que te permite centrarte únicamente en la abogacía (staff, administración, HR, IT, marketing…) y compañeros de otras prácticas. El despacho es el centro de todo.
Cuando empiezas de cero, debes formarte constantemente en tu practica y además formarte en HR, administración, IT, marketing. Aprendes otras habilidades que en una estructura tradicional no necesitas y el despacho (como lugar físico) ya no es el centro de todo. El centro de todo ahora es mi ordenador. Puedo ser abogado en cualquier lugar del mundo mientras haya conexión a internet.
“Para asesorar a clientes de más de 20 países, hay que entender su cultura y su forma de hacer negocios”

Has trabajado con clientes de más de 20 países. ¿Cómo gestionas las diferencias culturales y legales al asesorar a personas de contextos tan diversos?
Debes tratar de ponerte en la piel y conocer cómo hacen los negocios o desean recibir el servicio. Un americano necesita una respuesta rápida y su mentalidad está muy abierta a los negocios. Cuando hablas con un alemán debes esperar que termine de hablar, un australiano es más relajado en los negocios.
En un mundo global es importante saber cómo hacer negocios con los ciudadanos de diferentes jurisdicciones. Puede ser que tu servicio sea el mejor técnicamente, pero para que el cliente también lo perciba debes entender su forma de pensar.
Eres un apasionado del kitesurf. ¿Tiene algo en común con el ejercicio del derecho fiscal a alto nivel?
Para mí el kitesurf es el ying y la abogacía a alto nivel el yang. Es mi momento de “cargar pilas”. El ejercicio de la abogacía a alto nivel exige absoluta dedicación y autoexigencia constante. En el momento que estoy en el agua desconecto de las leyes, no hay obstáculos, solo mar, olas. En ese momento desconecto del mundo real y recibo la dosis necesaria de adrenalina para continuar.
“Le recomendaría a cualquier joven abogado que salga a ver mundo antes de especializarse”
¿Qué consejo le darías a un joven abogado que quiere especializarse en fiscalidad internacional y trabajar con grandes patrimonios?
Le recomendaría que antes de seguir ejerciendo la abogacía saliera a ver mundo, ya sea viajando o cursando un LLM en el extranjero. Conocer otro país, el intercambio cultural con otras personas y aprender desde el ojo de un abogado te abre la mente. Empiezas a entender que el mundo no funciona como tú crees, que es muy grande y que cada persona o negocio tiene su historia y sus necesidades.