Innovación o status quo, ¿el dilema de los abogados?

18 de septiembre |
Por Juan Carlos Luna, fundador de Lawgistic y cofundador de Lawit Group

La profesión legal se está transformando gracias a la tecnología, pero también debido a la presión de los clientes. El adentrarse a conocer las herramientas legales y abrazar la tecnología en el negocio legal pasó de ser una idea interesante para considerar, a ser una condición de sobrevivencia para quienes quieran liderar en el ejercicio profesional. 

Tuvo que ser una tercera consecuencia disruptiva la que destruyera los argumentos en contra de la innovación. La primera se considera que se dio en el año 2000 con el dot com, la segunda con la crisis financiera de 2008 y la tercera con la pandemia del Covid-19.

Quienes pudieron haber argumentado que el concepto aplicaba solo a otras industrias, netamente orientadas a procesos, han visto como en el trabajo legal diario se aplican múltiples tipos de procesos que son fundamentales para el buen manejo y operación de un despacho o un departamento jurídico de una empresa. Los argumentos de que la profesión es tan singular que no debe o puede ser transformada por los efectos de los avances tecnológicos -como sucede en todas las demás industrias y sectores- son en consecuencia insostenibles.

La situación actual de crisis en sus distintas dimensiones, tanto de salud, como de gestión, y desde luego económica crean de nueva cuenta (así como ya sucedió en crisis pasadas) la necesidad de innovar. Específicamente, hay dos vertientes muy claras para ello, una relacionada precisamente en la forma cómo se lleva a cabo el trabajo legal, y la otra, relativa a las nuevas herramientas y modelos con que se hace operativa la gestión legal. El primero habla de mejorar procesos, y el segundo, de innovar mediante la inclusión, la sinergia y la colaboración interprofesional. Un tema que resulta ser de innegable importancia, y muy pocas veces puesto en la mesa de discusión de los abogados.

Hoy en día, el gran motor del desarrollo del sector legal es y tiene forma de un ecosistema colaborativo, en el que participan distintos jugadores, quienes agregan un valor fundamental en la dimensión del negocio legal y su influencia en los distintos ámbitos en que contribuye y en los que influye de manera determinante. Quien no entienda esto, corre el riesgo de perder relevancia en la nueva economía digital, y ante los retos de una nueva realidad que enfrentaremos post COVID-19.

No es extraño el comenzar a identificar nuevos modelos de operación que permiten este tipo de inmersión y colaboración, y dependiendo de los distintos sistemas jurídicos, también hemos visto cómo en los últimos diez años se ha gestado una autentica disrupción de la industria legal, gracias a una mayor participación de nuevos modelos de operación, basados en sistemas tecnológicos, motivados por presiones económicas y por una mayor injerencia y poder de determinación de los clientes.

Es precisamente en ese contexto donde confluyen tres fuerzas que hoy son la base de las oportunidades de transformación de la industria legal, (i) por una parte la coexistencia de distintos profesionales que se han sumado a las labores del negocio legal, (ii) por otra, el efecto que el avance de las tecnologías ha generado en la forma cómo la práctica del derecho se hace más estratégica y eficiente, y (iii) finalmente, por la necesidad de que lo legal tenga una participación directa, proactiva y responsable en la construcción de los marcos regulatorios dentro de los que se velará que dichos avances tecnológicos se den respetando derechos y donde al mismo tiempo se garanticen las condiciones para su desarrollo. Las tres exigen que los abogados entiendan, aprendan y actúen dentro de una dimensión digital.

De ahí que sea tan necesario expandir los ecosistemas colaborativos, y además profundizar en el conocimiento de las tecnologías aplicadas al mundo del derecho, y reconocer que el crecimiento y desarrollo del legaltech ha marcado un claro camino hacia una mayor eficacia de los servicios legales, lo que también debe traducirse en una factor esperanzador para mejorar y aumentar el acceso a la justicia, siempre y cuando existan las condiciones regulatorias, técnicas y sobre todo de liderazgo, convicción y compromiso para que se tenga ese efecto tan necesario.

Se trata de construir un círculo virtuoso. Si la gestión legal mejora, haciéndose más estratégica a través de herramientas de inteligencia de negocios, mejorando la eficiencia de sus alcances, esto genera mayores oportunidades de acceso a soluciones que antes quizá se veían como exclusivas para quienes tuvieran la capacidad económica de beneficiarse de ellas. En pocas palabras, la innovación y la tecnología son los motores de la trasformación del sector legal.

Ese compromiso de transformación a través de la innovación y la tecnología no es sencillo, y requiere de condiciones especiales para que se tenga éxito en su identificación, implementación – absorción a la medida de las necesidades de cada quien y en su adopción, hasta llegar a la mejoría de controles y procesos de automatización y de digitalización de actividades, que es el estado de mayor desarrollo que las mejores prácticas y las tendencias actuales nos marcan como los objetivos más importantes, y eso en concreto, es innovar.

No hay marcha atrás, como industria hay que reaccionar ante las nuevas exigencias de los clientes, ante el cambio cultural, y ante las dinámicas de una sociedad inmersa en la digitalización. No hay nada nuevo bajo el sol, las crisis hacen que se exija mayor eficiencia y ahorro de costos, esto es ya una constante.

La irrupción de la tecnología en el ámbito legal está llamada a cambiar las reglas del juego. Ya sea por llegar a nuevos nichos de mercado, o por hacer más eficientes tareas que hoy requieren mucho tiempo y recursos, o por intervenir en las nuevas realidades que genera la influencia de los cambios tecnológicos en la sociedad, la economía y los negocios. Aunque para ello deberá superar la reticencia del sector a abrazar estos nuevos procesos, y comprender que estamos viviendo el momento clave donde los ecosistemas colaborativos son la nueva forma de innovar, y que innovar es el requisito indispensable para poder transformar a la industria legal.

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