Dupes: la delgada línea entre las “imitaciones legales” y la falsificación

4 de marzo de 2024 |
Por Ana Cristina García, country managing director ClarkeModet Paraguay

Los centennials son la primera generación de la historia que no ha conocido un mundo sin acceso constante a internet. Emprendedores, multitarea y más comprometidos con el planeta que sus predecesores, la generación zeta huye de la uniformidad y apuesta por la autenticidad para no ser una oveja más en el rebaño. Su mentalidad tecnológica y su intensivo uso de las redes sociales han introducido en el mundo de la moda nuevas perspectivas y prácticas que plantean hoy retos desde el punto de vista del derecho.

Los centennials reconocen el valor de la Propiedad Intelectual y comprenden conceptos como el de falsificación, lo que ha dado lugar a una nueva subcategoría de productos que “se inspiran” en otros diseños originales: los dupes. Este concepto, que se gestó en redes sociales, ha venido desarrollándose en los últimos tiempos hasta llegar a impactar por completo el mundo del marketing y de la Propiedad Intelectual.

Dupe es un diminutivo de “duplicate” y se utiliza para identificar productos que “duplican” las características de los productos originales de sus competidores, tomando estas como fuentes de inspiración y sin cruzar, técnicamente, la línea que los separa de la ilegalidad.

Un dupe se define como una copia auténtica que el fabricante produce con la transparencia de no inducir al consumidor a confusión respecto a su autenticidad. Se caracteriza por mantener altos estándares de calidad en su producción, cumpliendo con las normativas legales correspondientes. Por otro lado, una falsificación es una reproducción no autorizada de un producto original, usualmente elaborada con materiales de calidad inferior y utilizando prácticas de producción cuestionables, como la explotación laboral o la infracción de los derechos de los trabajadores. Además, el comercio de productos falsificados está asociado frecuentemente con actividades ilícitas como el lavado de dinero o la financiación de actividades terroristas. En términos de precio al consumidor, los dupes tienen un valor accesible pero justificado por la calidad del producto, mientras que las falsificaciones suelen ser considerablemente más económicas que el producto original reproducido.

Es importante destacar que la comercialización de dupes es legal, siempre y cuando se respeten las leyes y regulaciones pertinentes. Nada que ver con la venta de productos falsificados, que constituye un delito que puede acarrear severas consecuencias legales, desde multas hasta penas de prisión, para aquellos que infringen la ley.

Los dupes más destacados son de bolsos, carteras, gafas de sol, maquillajes, perfumes y zapatos, aunque cada día se lanzan al mercado más dupes electrónicos y tecnológicos. A pesar de considerarse “imitaciones” al no tener diseños originales, los dupes son fabricados por empresas legítimas con marcas registradas y procesos de calidad certificada, producción y comercialización legítimos, etc., aunque a costos significativamente más bajos que las marcas de primera línea.

Existe una tendencia creciente a respaldar los dupes como una forma de popularizar nuevos modelos y mantener la moda en constante evolución, visible al revisar el hashtag #dupe en cualquier red social, en las que podremos localizar miles de publicaciones relacionadas. Sin embargo, es crucial comprender las características que distinguen un dupe de un producto falsificado, ya que la línea que separa uno y otro a veces puede ser difusa.

Por ello, contar con expertos en la materia que puedan asesorar a las marcas es crucial: bien para confirmar que no se infringen derechos de terceros, o bien para defender nuestros propios derechos en caso de haber detectado una falsificación de nuestros productos escondida bajo la “apariencia” de un dupe.