Por Heidi Maldonado
Hoy conversamos con Daniel Landaluce, socio del área de Fiscal estadounidense, y María Martínez, counsel desde Barcelona. En esta entrevista conoceremos de primera mano la visión y experiencia de dos destacados profesionales que se han incorporado recientemente a RC Law en un momento clave de crecimiento para la firma.
Compartirán las razones que los llevaron a unirse a una boutique internacional con un enfoque ágil, personalizado y altamente especializado en asesoramiento fiscal transfronterizo entre Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Además, profundizan en las ventajas diferenciales de este modelo frente a las grandes firmas, la combinación de experiencia en grandes compañías, la Administración Fiscal de EE.UU. y su propuesta de valor para empresas de distintos tamaños.
Le invitamos a descubrir cómo Daniel Landaluce y María Martínez conciben el presente y futuro del asesoramiento fiscal internacional, la estrategia para apoyar la expansión de empresas en EE.UU. y los principales desafíos que enfrentan hoy las multinacionales en este terreno.
María Martínez destaca que su incorporación a RC Law responde a la oportunidad de integrar un equipo donde no solo puede aportar su “competencia técnica” y experiencia en “asesoramiento de operaciones fiscales”, sino contribuir también estratégicamente al “crecimiento del despacho”. Para la experta, desarrollar el negocio ampliando los “servicios que ofrecemos en áreas clave para operaciones internacionales es fundamental”. Además, valora mucho el equipo joven y dinámico de profesionales con una trayectoria brillante, al que desea aportar su conocimiento.
Otro aspecto que la atrajo fue la cultura de una boutique con menos rigidez jerárquica, muy distinta a otras experiencias laborales previas.
Por su parte, Daniel Landaluce resalta la posibilidad de combinar su experiencia en fiscalidad internacional entre EE.UU., Latinoamérica y Europa para ofrecer soluciones innovadoras que otorguen ventaja competitiva a los clientes de RC Law. En particular, subraya que muchos clientes son empresas y emprendedores españoles o latinoamericanos que están expandiendo sus negocios en EE.UU., un mercado donde puede aportar valor diferencial. Además, destaca la agilidad y alta cualificación del equipo de la boutique, formado en gran parte por abogados con experiencia en sus países de origen, lo cual facilita la generación de valor tangible para el cliente desde el inicio.
RC Law se caracteriza por ser una boutique con un marcado perfil internacional. ¿Qué creen que diferencia a este modelo frente a las grandes firmas en el ámbito fiscal transfronterizo?
María Martínez explica que en RC Law “los profesionales brindan un asesoramiento legal completamente personalizado, ya que el mismo equipo acompaña al cliente en todas las fases de la operación, desde la planificación hasta después de su implementación, garantizando así la satisfacción del cliente con los resultados”. En contraste, durante su experiencia en grandes firmas, el asesoramiento se realizaba a través de varios equipos distribuidos en Múltiples jurisdicciones, donde un equipo específico manejaba la relación con el cliente y la gestión del proyecto.
Otra diferencia importante, asegura, es que RC Law cuenta con una estructura menos jerárquica y burocrática. “Los equipos son multidisciplinares y están formados por abogados con experiencias variadas, lo que fomenta un entorno intelectual estimulante. Además, la cultura emprendedora de RC Law valora la iniciativa personal, sin importar la experiencia previa, lo que contribuye tanto a la progresión profesional de sus integrantes como al crecimiento intelectual del equipo”.
Entretanto, Daniel Landaluce destaca que lo que realmente distingue a RC Law en el ámbito fiscal es su capacidad para atender una necesidad concreta del mercado: “ofrecer asesoramiento fiscal internacional de primer nivel no solo a grandes corporaciones multinacionales, sino también a medianas empresas y startups. Estas compañías enfrentan desafíos fiscales similares a los de los grandes grupos multinacionales, pero cuentan con recursos mucho más limitados”. Una de las fortalezas de RC Law radica en hacer accesibles esas estrategias y el conocimiento avanzado a una clientela más diversa. “En particular, en el mercado estadounidense, los honorarios de las Big Four y de los grandes despachos suelen ser una barrera difícil de superar; en contraste, RC Law ofrece ese mismo know-how y calidad técnica mediante un modelo eficiente, que permite a los clientes recibir un servicio estratégico de alto nivel a un costo económicamente viable”.
RC Law subraya la rareza de contar con un equipo bilingüe y con experiencia en firmas Big Four, multinacionales y la Administración Fiscal de EE. UU. ¿Cómo creen que esa combinación enriquece el servicio al cliente?
María Martínez señala que el asesoramiento fiscal técnico se fortalece con profesionales que conocen a fondo los contextos en que operan los clientes. “Este equipo multidisciplinar, con trayectoria en la industria, grandes firmas y la Administración, cubre todo el ciclo del asesoramiento, comprendiendo los temas clave que afectan al cliente y ofreciendo soluciones creativas y viables para alcanzar sus objetivos. Además, la fluidez en el manejo del lenguaje y la experiencia permiten al equipo reaccionar rápidamente ante cambios normativos, accediendo directamente a las fuentes para resolver con agilidad cuestiones interpretativas o de implementación”.
Complementando esta visión, Daniel Landaluce añade que su experiencia inicial como asesores fiscales en España y diversos países de Latinoamérica aporta un valor diferencial. “Gracias a ese bagaje, pueden conectar con agilidad los marcos regulatorios de EE. UU. UU. con los de España y Latinoamérica, identificando con rapidez los puntos de conflicto y acelerando los procesos de estructuración. En conjunto, ofrecen al cliente no solo un profundo conocimiento técnico, sino también la capacidad de vincular dos sistemas jurídicos complejos mediante soluciones prácticas y efectivas”.

Daniel Landaluce asume la dirección del área fiscal de RC Law con una visión clara y ambiciosa: posicionar el departamento como referente en asesoramiento fiscal internacional entre Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Su amplia experiencia en multinacionales y firmas reconocidas le permite aportar una perspectiva práctica y estratégica, orientada a acompañar a empresas de todos los tamaños en sus procesos de expansión y crecimiento. En esta entrevista, Landaluce aborda los principales desafíos que enfrentan las compañías en materia fiscal transfronteriza, las diferencias entre la fiscalidad en España y EE. UU., y su visión sobre las tendencias que marcarán el futuro del asesoramiento fiscal internacional.
Usted asume la dirección del área fiscal de RC Law. ¿Qué visión estratégica tiene para este departamento en los próximos años?
Mi visión para el área fiscal de RC Law es convertirla en un referente en asesoramiento fiscal internacional entre Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Queremos ser la mejor alternativa a las grandes firmas americanas, ofreciendo a empresas grandes, medianas y startups un servicio con la misma calidad técnica, pero con un enfoque mucho más cercano y eficiente.
Partimos de una base de clientes diversa y fiel, a la que vamos a brindar el servicio que nos demanda, y el objetivo es crecer aportando valor a las empresas y emprendedores en todas las etapas de su expansión en EE. UU.
Su experiencia en corporaciones como Huawei U.S., UiPath o Reef Technology le ha permitido ver de cerca cómo operan las multinacionales. ¿Qué aprendizajes trasladará a sus clientes desde esa perspectiva interna?
El haber liderado el departamento fiscal en dos de esas compañías me permitió vivir desde dentro procesos muy exigentes al prepararnos para cotizar en el Nasdaq. Un proceso de preparación para un IPO supone una transformación radical de la empresa en términos de estrategia, control, transparencia y cumplimiento.
Al mismo tiempo, fueron empresas en plena expansión internacional desde EE. UU. hacia otros mercados, con una actividad frenética de adquisiciones e inmersas en sucesivas rondas de financiación con firmas líderes del Venture Capital y Private Equity. Eso me dio la oportunidad de dirigir equipos fiscales en entornos muy dinámicos y de gestionar operaciones de alto impacto fiscal.
Toda esa experiencia es muy valiosa para nuestros clientes, en especial para aquellas compañías que están comenzando o atravesando un proceso de crecimiento y expansión internacional y tienen la vista puesta en EE. UU., ya sea por el mercado o por las oportunidades de captar capital. Les podemos aportar no solo el conocimiento técnico, sino también la visión práctica de lo que funciona y de lo que los inversores americanos exigen.
Habiendo sido director en PwC y trabajado en ambos lados del Atlántico, ¿qué diferencias observa en la aproximación al asesoramiento fiscal en España y en EE. UU.?
En EE. UU. el asesoramiento fiscal, en particular el internacional, es más complejo que en jurisdicciones como España o Latinoamérica. Es comprensible: Estados Unidos lleva más de un siglo con multinacionales operando globalmente, por lo que la normativa internacional es, inevitablemente, mucho más detallada y sofisticada que en países donde este fenómeno es más reciente.
Además, en EE. UU. la complejidad no solo está en el nivel federal, sino también en la fiscalidad estatal y local: existen más de diez mil entes con potestad tributaria, lo que convierte la estructuración y el cumplimiento en un auténtico desafío. En España, la mayor centralización normativa hace que la disparidad sea mucho menor.
Algo que también sorprende en EE. UU. es la severidad de las sanciones vinculadas al incumplimiento de obligaciones tributarias de carácter meramente informativo. En muchos casos, las multas por presentación tardía o incorrecta de formularios —especialmente en materia internacional— pueden superar con creces la propia cuota tributaria del ejercicio. Esto obliga a las empresas a extremar el cuidado y a contar con asesores fiscales con experiencia sólida, sobre todo en operaciones transfronterizas.
¿Qué tipo de empresas cree que pueden beneficiarse más de la propuesta de valor de RC Law en materia fiscal?
Los clientes que más pueden beneficiarse de nuestros servicios son aquellos que buscan entrar en el mercado de EE. UU. mediante la compra o reestructuración de un negocio existente, así como los que buscan formar joint ventures o captar capital de socios estadounidenses. Esos pasos siempre plantean tanto grandes riesgos como oportunidades de ahorro fiscal, y nosotros podemos acompañarlos con soluciones prácticas.
Las estructuras con inversores que tienen perfiles fiscales muy distintos son las que suelen generar las mayores complejidades, tanto en su formación como en su eventual reestructuración o liquidación. El hecho de que dominemos no solo la fiscalidad de EE. UU., sino que comprendamos también la de España y varios países de Latinoamérica, nos permite colaborar con asesores locales de forma más ágil y encontrar soluciones más eficientes.
Mirando al futuro, ¿cómo ve el papel de la fiscalidad internacional en el crecimiento de las scale-ups y compañías tecnológicas que buscan expandirse en EE. UU.?
Estados Unidos es una jurisdicción esencial para las scale-ups y compañías tecnológicas por dos razones fundamentales: por un lado, es el mercado más lucrativo del mundo; y por otro, concentra las principales fuentes de financiación y capital. Esto hace que, tarde o temprano, toda empresa con un producto o servicio de alto potencial fije su mirada en EE. UU.
En ese contexto, la fiscalidad estadounidense juega siempre un papel central en la hoja de ruta de las compañías más prometedoras. No se trata solo de analizar si la normativa americana ofrece ventajas o desventajas, sino de entender también que los inversores de EE. UU. imponen requisitos organizativos en función de sus preferencias legales y fiscales.
A ello se suman las recientes medidas tributarias y, sobre todo, arancelarias, que buscan incentivar que el negocio y la producción se localicen dentro de EE. UU. Esto está llevando a muchas empresas extranjeras a plantearse establecer presencia en el país o aumentar la que ya tienen, con el objetivo de reducir la carga fiscal y al mismo tiempo alinearse con esas políticas.
¿Qué tendencias fiscales internacionales anticipan que van a marcar los próximos cinco años?
A corto o medio plazo anticipamos mucho trabajo fiscal para empresas con intereses transfronterizos de anticipación y planificación en torno a la implementación de BEPS 2.0 y el impuesto mínimo global, así como la respuesta ante la actividad de armonización de la Unión Europea y ante los cambios normativos que vengan de EE.UU. Dentro de esta categoría general, creemos que la fiscalidad de la economía digital es un área que va a adquirir mayor relevancia ya que es necesario tener una normativa fiscal razonable aplicable a la digitalización de los servicios.
Otro tema que prevemos que va a cobrar más importancia en los próximos años será el asesoramiento y la planificación fiscal y patrimonial para personas que vienen a España de EE. UU.

María Martínez aporta a RC Law una perspectiva única fruto de su experiencia en el IRS, donde lideró el equipo encargado de la interpretación de convenios de doble imposición y precios de transferencia. Su trayectoria entre España y Estados Unidos le ha permitido profundizar en los complejos desafíos fiscales internacionales y desarrollar un enfoque estratégico que combina rigor técnico con práctica realista adaptada a las necesidades del cliente.
En esta entrevista, Martínez comparte cómo trasladará su conocimiento y experiencia a la práctica privada, además de analizar los principales retos fiscales que enfrentan hoy las multinacionales españolas en EE.UU. y la visión que tiene sobre el papel de RC Law para fortalecer la asesoría fiscal transatlántica en los próximos meses.
Su paso por el IRS, liderando el equipo de interpretación de convenios de doble imposición y precios de transferencia, le da una perspectiva única. ¿Cómo piensa trasladar esa experiencia a la práctica privada?
Trabajar en el IRS me ha permitido desarrollar una visión privilegiada sobre cómo abordan las autoridades fiscales de EE. UU. los asuntos internacionales más complejos. Me ha aportado un entendimiento profundo de los criterios de interpretación, las expectativas de cumplimiento y las dinámicas de negociación entre países. Esa experiencia es muy útil para anticipar riesgos, diseñar estructuras más sólidas y ofrecer a los clientes un asesoramiento que no solo es técnicamente riguroso, sino también realista respecto de cómo será percibido por la Administración. Al haber trabajado en el IRS puedo proporcionar al cliente una perspectiva estratégica que combina el conocimiento técnico con la experiencia práctica.
Tras más de 20 años entre España y Estados Unidos, ¿qué le atrajo especialmente de RC Law para esta nueva etapa?
A mi regreso a Barcelona, tras 20 años de asesoramiento en derecho fiscal internacional en Estados Unidos, buscaba incorporarme a un proyecto en el que pudiera aportar mi conocimiento técnico y mi experiencia a clientes que se enfrentan a un panorama fiscal transfronterizo cada vez más complejo. Mi condición de abogada colegiada en Nueva York me ofrecía la oportunidad de asesorar a una creciente base de clientes expatriados de EE. UU. con os que comparto gran parte de mi experiencia vital.
Conozco a Xavier Ruiz desde mi etapa en Baker & McKenzie, y siempre me ha resultado muy interesante su instinto y visión empresarial, su actitud ante nuevos retos y su apoyo al talento. Cuando conversamos sobre RC Law, me atrajo especialmente su enfoque en un asesoramiento completo y altamente especializado, adaptado a las necesidades concretas de cada cliente y prestado con agilidad. Además, el hecho de tratarse de una firma estadounidense que ofrece asesoramiento en derecho federal de EE. UU. donde se encuentra el potencial cliente me resulta muy interesante e innovador ya que actualmente hay múltiples oportunidades para desarrollar esta práctica tanto en España como en Latinoamérica.
El IRS y las Big Four representan dos mundos muy distintos. ¿Qué aprendizajes clave rescata de cada uno?
Mi rol en el IRS me ofreció la oportunidad de trabajar en la aplicación e interpretación de convenios de doble imposición de Estados Unidos con múltiples jurisdicciones, colaborando estrechamente con autoridades fiscales extranjeras, organizaciones internacionales y con grandes contribuyentes. También me permitió trabajar con el Departamento del Tesoro desarrollando reglas de implementación y proporcionando comentarios técnicos a reportes técnicos en temas fiscales de mi competencia. Esa experiencia no solo reforzó mi dominio técnico en fiscalidad internacional, sino que también me permitió desarrollar habilidades de negociación, gestión de equipos y coordinación interinstitucional e internacional en un ámbito de gran complejidad y relevancia práctica. En definitiva, me enseñó cómo afrontar y resolver problemas de la manera más eficiente y pragmática posible teniendo en cuenta las limitaciones legales y procedimentales de la Administración.
EY me permitió trabajar en un entorno exigente y de alta calidad técnica, con exposición a clientes internacionales y proyectos complejos. El rigor metodológico, la colaboración con equipos multidisciplinares y el acceso a una red global de profesionales fueron elementos clave que enriquecieron mi práctica y consolidaron mi formación como abogada fiscalista.
En ambos casos aprendí mucho de los profesionales con los que trabajé. Tanto en el IRS como en EY hay profesionales de enorme talento y rigor técnico, personas que no solo dominan la complejidad normativa, sino que también muestran una gran capacidad de colaboración, compromiso y empatía. Esas características marcan el estándar de calidad y profesionalidad que sigo valorando en mi práctica diaria.
¿Cuáles son los temas fiscales que más inquietan hoy a las multinacionales españolas con intereses en EE. UU.?
Los temas que más inquietan hoy a las multinacionales españolas con intereses en EE. UU. son la inseguridad normativa y la deriva proteccionista de la Administración Trump. En primer lugar, todavía se están asentando las nuevas estructuras creadas a raíz de los cambios que introdujo el TCJA (BEAT, GILTI y FDII), y en los próximos años podría haber cambios normativos que obligarían a reestructurar de nuevo.
En segundo lugar, la política arancelaria proteccionista con vaivenes constantes encarece los costes de las cadenas de suministro de forma que es difícil minimizar su impacto en el comercio transfronterizo.
Por último, la evolución del impuesto mínimo global en el marco de BEPS 2.0, y el hecho de que EE. UU. se ha desvinculado formalmente del acuerdo fiscal global podrían poner a intereses españoles en riesgo si se materializan las represalias que anunció el presidente Trump si observa que medidas adoptadas por España discriminan a intereses de EE. UU. De hecho, considero prioritario para las empresas españolas con intereses en EE. UU. tener un plan estratégico que incluya una previsión de riesgos fiscales que conlleva la situación económica actual.
RC Law destaca su rol para fortalecer la práctica fiscal tanto en Europa como en EE. UU. ¿Dónde cree que puede tener un mayor impacto en los próximos meses?
En primer lugar, me gustaría prestar mi experiencia para proporcionar a los clientes de RC Law una conexión entre EE. UU. y España. Mi enfoque principal serían compañías (o grupos empresariales españoles o latinoamericanos) que quieren acceder al mercado de EE. UU. o que necesitan actualizar o rediseñar su estrategia mediante una restructuración transfronteriza, teniendo en cuenta las reglas contra la doble imposición, precios de transferencia y el cumplimiento de las obligaciones administrativas ante el IRS. También veo mi experiencia para fortalecer los servicios que RC Law ofrece a expatriados estadounidenses y familias internacionales en general, asesorando sobre FATCA, FBAR, las normas PFIC y planificaciones patrimoniales.
El área fiscal estadounidense está en plena transformación. ¿Qué retos consideran prioritarios hoy para empresas que operan entre EE. UU. y Europa?
El principal reto para las empresas que operan entre EE. UU. y Europa es la capacidad de adaptar sus estructuras y negocios a un contexto en constante evolución. Estados Unidos tiene un sistema fiscal altamente complejo y sujeto a cambios legislativos frecuentes, tanto a nivel federal como estatal y local. La reforma fiscal que supuso la aprobación del Tax Jobs and Cuts Act (TCJA) de 2017 introdujo reglas internacionales (GILTI, FDII, BEAT) que siguen condicionando la planificación de grupos multinacionales, y cuya continuidad, en principio avalada en Julio de 2025, dependerá de las reglas de implementación, así como de los resultados de próximos ciclos electorales (primero, las elecciones legislativas en 2026 y después las presidenciales en 2028).
A ello se añaden las múltiples obligaciones de declaración ante el IRS y el Departamento del Tesoro, así como la presión creciente del IRS con serios problemas de falta de personal que dificultan acuerdos y/o consultas en materia de precios de transferencia y estructuras internacionales. Por otro lado, la política arancelaria impulsada bajo la administración Trump ha tenido un impacto directo en los costes de importación y fabricación, generando un entorno de incertidumbre para las cadenas de suministro con operaciones transfronterizas cuyas consecuencias a medio y largo plazo son difíciles de predecir.
En Europa, las empresas se enfrentan a las obligaciones de armonización fiscal comunitaria frente a la fragmentación en la normativa fiscal nacional. La implantación del impuesto mínimo global en el marco de BEPS 2.0 obliga a multinacionales a rediseñar sus estructuras fiscales. Asimismo, las obligaciones de transparencia derivadas de las directivas DAC6 y DAC7 aumentan las obligaciones de declaración y el consiguiente riesgo sancionador administrativo, mientras que la fiscalidad de la economía digital sigue marcada por la imposibilidad de alinear su desarrollo con su fiscalidad. La presión inspectora en precios de transferencia y la introducción de nuevos gravámenes ambientales, refuerzan la necesidad de integrar la gestión fiscal en la estrategia empresarial global.