Álvaro Tovar, legal counsel contracts de Comcel, la compañía que opera en Colombia bajo la marca Claro, entiende el contrato como el instrumento que hace posible el negocio. Esa convicción ordena su forma de ejercer el liderazgo desde la asesoría especializada, basada en la confianza que el abogado genera en las áreas de negocio, y explica su lectura del sector: en telecomunicaciones, los contratos sostienen infraestructura crítica, y el despliegue del 5G exige convertir la buena fe en una herramienta práctica de colaboración entre las partes. La misma lógica guía su visión de la inteligencia artificial, a la que considera un apoyo al criterio jurídico. De cara a su participación en el Foro Gerencias Legales Lima 2026, Tovar considera que la experiencia colombiana en estandarización contractual y automatización de procesos puede enriquecer la conversación con los gerentes legales peruanos. Para Tovar, “el liderazgo no depende del cargo ni de una jerarquía, sino de la confianza que uno es capaz de generar”.

¿Qué lo llevó a especializarse en contratación dentro de su carrera como abogado corporativo?
Muy temprano entendí que detrás de cada contrato hay una inversión, un proyecto o una necesidad que alguien quiere convertir en realidad. Eso me llevó a ver la contratación no solo como una herramienta para gestionar riesgos, sino como una forma de hacer posibles los negocios de manera segura y sostenible.
Además, soy un convencido de que los contratos son buenos en la medida en que reflejan la realidad. Cuando un contrato se aleja de cómo funciona verdaderamente un negocio, suelen aparecer los problemas. Por eso creo que la labor del abogado es construir acuerdos claros, equilibrados y alineados con los intereses de las partes.
Por otro lado, en una época donde muchos se ven como detectores de riesgos, y construyen carrera señalando el error, hay una idea que ha acompañado mi carrera: decir “no” es fácil; cualquiera puede hacerlo. Lo verdaderamente valioso es encontrar la forma responsable de decir “sí”. El abogado aporta valor cuando transforma obstáculos en soluciones y ayuda a que los proyectos avancen con seguridad jurídica.
¿Qué ha aprendido sobre cómo ejercer liderazgo desde una posición de asesoría especializada dentro de un departamento legal?
He aprendido que el liderazgo no depende del cargo ni de una jerarquía, sino de la confianza que uno es capaz de generar. Las áreas de negocio no esperan únicamente una opinión jurídica; esperan acompañamiento para tomar mejores decisiones.
Muchas veces el liderazgo consiste en eliminar barreras innecesarias y convertir temas complejos en soluciones simples y ejecutables. Para hacerlo, el abogado debe entender el negocio, hablar el lenguaje de las diferentes áreas y ayudar a construir consensos.
Al final, el mejor abogado interno no es quien encuentra más riesgos, sino quien ayuda a avanzar de manera segura hacia un objetivo común. Y si lo logra, no solo mejora la gestión contractual, genera transformación cultural.
¿Qué distingue la gestión contractual en una compañía de telecomunicaciones de la de otras industrias?
Las telecomunicaciones tienen una particularidad única: los contratos no solo soportan relaciones comerciales, sino infraestructura crítica para la economía y la sociedad. Cuando negociamos conectividad, fibra óptica, centros de datos o servicios digitales, estamos respaldando servicios de los que dependen empresas, entidades públicas y millones de personas.
Eso exige una visión mucho más amplia. El abogado debe entender aspectos regulatorios, tecnológicos, financieros y operativos al mismo tiempo. Además, debe diseñar contratos capaces de adaptarse a tecnologías que evolucionan más rápido que los propios ciclos contractuales.
Por eso, la gestión contractual en telecomunicaciones consiste menos en administrar riesgos y más en construir relaciones de colaboración que permitan impulsar la conectividad, la innovación y la transformación digital. En una empresa de tecnología de la Información y telecomunicaciones, resulta imperioso simplificar las formas, para alcanzar más ágilmente los resultados.
¿Qué retos contractuales plantea el despliegue de redes 5G en Colombia?
El principal reto es entender que 5G no es únicamente una evolución tecnológica. Es un desafío jurídico, regulatorio, operativo y financiero que requiere nuevos modelos de colaboración entre múltiples actores.
Las redes 5G demandan compartición de infraestructura, esquemas de cooperación e inversiones de gran escala. Desde la perspectiva contractual, el desafío es acelerar esas inversiones sin sacrificar seguridad jurídica.
En ese contexto, la buena fe deja de ser un concepto teórico y se convierte en una herramienta práctica. Los proyectos más exitosos son aquellos donde las partes entienden que su éxito depende de la colaboración y no únicamente de la exigibilidad de las cláusulas.
Es por eso, que cuando se concibe la buena fe como un elemento esencial del contrato, se reconsideran las posturas discrecionales y las penalidades. Por el contrario, se propician mecanismos de remediación, y el equilibrio como fundamento entre las partes.
De cara a 2027, ¿cómo cambiará la inteligencia artificial la forma de negociar y gestionar contratos?
La inteligencia artificial será una de las transformaciones más importantes que ha vivido la profesión jurídica en décadas. Sin embargo, no la veo como un reemplazo del abogado, sino como una herramienta que amplifica sus capacidades.
La IA puede analizar información, comparar documentos, identificar inconsistencias y acelerar procesos que antes requerían muchas horas de trabajo. Eso permitirá que los abogados dediquemos más tiempo al análisis estratégico y a la toma de decisiones.
Pero la IA no construye relaciones, no negocia intereses, ni asume responsabilidades empresariales. Por eso creo que el futuro pertenece a quienes sepan combinar tecnología con criterio jurídico, experiencia y visión de negocio. En este sentido el señorío del abogado y la IA se complementan.
La verdadera ventaja competitiva no será tener acceso a la IA, sino saber utilizarla para formular mejores preguntas y generar mejores decisiones.
Usted participa en el Foro Gerencias Legales Lima 2026. ¿Qué puede aportar la experiencia del mercado colombiano a la conversación con los gerentes legales peruanos?
Creo que Colombia y Perú comparten mucho más que una tradición jurídica común. Ambos países entienden la importancia de la buena fe, la autonomía de la voluntad y la necesidad de que los contratos sean instrumentos que generen confianza y faciliten los negocios.
Desde Colombia podemos compartir experiencias valiosas en estandarización contractual, automatización de procesos, gestión de riesgos e incorporación de inteligencia artificial en las funciones legales.
Pero quizá el aprendizaje más importante es que la transformación jurídica no consiste únicamente en digitalizar documentos. Consiste en redefinir cómo las áreas legales generan valor para las organizaciones.
Las áreas legales más exitosas serán aquellas que reduzcan fricciones, aceleren decisiones y utilicen la tecnología para concentrar el talento jurídico donde realmente hace la diferencia. Porque, al final, los contratos no deberían ser herramientas de confrontación, sino mecanismos de colaboración para alcanzar objetivos compartidos.