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In-house etiquette: Reglas no escritas que todo abogado corporativo debe seguir

Por Heidi Maldonado
14 de mayo de 2025|
Por Diego Ignacio Gómez, sénior corporate counsel experto en la gestión de asuntos legales en América Latina y el Caribe

Las relaciones laborales dentro de una empresa son, en muchos sentidos, como una coreografía. Cada área tiene su ritmo, sus tiempos y sus prioridades. En medio de ese ecosistema, el rol del abogado in house suele ser complejo: actuar como facilitador, garante de cumplimiento, asesor estratégico y, muchas veces, mediador. Por eso, cultivar buenas prácticas de etiqueta profesional no es un lujo, sino una necesidad.

La etiqueta profesional no se trata solo de decir “por favor” y “gracias”. Es una forma de respeto mutuo, de reconocer que, aunque tengamos urgencias y agendas distintas, todos estamos trabajando hacia un objetivo común.

Al inicio de mi carrera me integré a un nuevo departamento legal, y me sorprendió la falta de cortesía por parte de algunos colegas. Parece que, para ellos, el conocimiento jurídico era lo único que importaba en el entorno laboral. ¿Qué pasó con las normas básicas de convivencia en el trabajo?

Aunque los abogados a menudo se enfrentan a situaciones adversariales por la naturaleza de su labor, los más efectivos logran equilibrar su espíritu competitivo con una actitud respetuosa hacia sus compañeros y colaboradores. En un entorno empresarial tan acelerado como el actual, aquí van algunas recomendaciones para mantener relaciones profesionales basadas en el respeto y la consideración:

Construye relaciones con respeto

Crear una red de contactos sólida es clave para cualquier abogado corporativo. Sin embargo, hay formas apropiadas de hacerlo. Usar el nombre de un contacto como referencia sin su consentimiento, por ejemplo, no es correcto. En contextos sociales, es mejor evitar actitudes invasivas o demasiado insistentes.

Cuida el uso del correo electrónico

El correo electrónico puede generar más malentendidos de lo que se piensa. Hoy en día, se ha convertido en una herramienta omnipresente, lo que aumenta el riesgo de enviar mensajes al destinatario equivocado o de que el tono sea malinterpretado. Aunque esté diseñado para agilizar la comunicación, sigue siendo importante cuidar la redacción y mantener la cortesía.

Valora la puntualidad

Independientemente del cargo que ocupes, es fundamental respetar los horarios de reuniones, entrevistas y compromisos. Llegar tarde de forma habitual transmite el mensaje —aunque no sea intencional— de que el tiempo de los demás tiene menos valor.

Actúa con empatía en el trabajo en equipo

Los proyectos legales actuales suelen requerir colaboración entre varios profesionales. En ese contexto, es importante respetar las dinámicas de equipo: compartir los méritos, cumplir con los plazos y contribuir de forma equitativa son señales claras de profesionalismo.

Responde siempre, y hazlo con consideración

En entornos laborales exigentes, el tiempo es un recurso escaso, pero eso no justifica dejar a alguien sin respuesta. Ignorar una propuesta, una consulta o un mensaje —sin importar quién sea el interlocutor— transmite desinterés y erosiona las relaciones profesionales. Responder a tiempo, agradecer y reconocer el esfuerzo ajeno, incluso si la respuesta es negativa o breve, refleja respeto y compromiso con una cultura colaborativa. Y responder a tiempo significa dentro de un plazo razonable: no después de dos semanas. La falta de respuesta prolongada puede ser tan dañina como una negativa mal comunicada.

Un error común en las relaciones interáreas es la falta de empatía. Como abogado in house, es normal recibir solicitudes con poca información o mal estructuradas, muchas veces con plazos irreales. Pero también es cierto que nosotros, como equipo legal, no estamos exentos de errores: podemos demorar respuestas, asumir que los demás entienden nuestra jerga técnica o no leer con atención documentos clave. Lo importante es cómo reaccionamos frente a estas fallas inevitables.

Un ejemplo que me marcó fue cuando intenté ayudar a una persona – dueño de una empresa – recomendando a un tercero para una vacante. Lo hice de buena fe, queriendo sumar valor. Pero, por la prisa del día a día, no me di cuenta de que la información que esta persona buscaba ya estaba incluida en la descripción del puesto. Su respuesta fue grosera, sin ningún espacio para el entendimiento o la buena voluntad. Esa actitud cerró por completo la puerta a una futura colaboración. Al final, decidí no indicar a nadie para trabajar con alguien que no sabe recibir una ayuda con cortesía.

Esto no se trata de orgullo ni de egos: se trata de cultura. Todos estamos ocupados, sí, pero eso no justifica la falta de amabilidad. Especialmente cuando alguien se toma el tiempo de ofrecerte algo —una ayuda, una oportunidad, una indicación— lo mínimo esperable es una respuesta cordial.

Otro caso fue cuando ofrecí una oportunidad laboral a una conocida. Le compartí información valiosa y confié en que podría ser una buena candidata. Sin embargo, ni siquiera me agradeció. Peor aún: simplemente le pasó la oportunidad a otra persona, sin decir una palabra. Ese tipo de comportamiento, aunque pueda parecer menor, habla mucho sobre el profesionalismo de alguien.

Ser un abogado global va más allá de conocer la ley. Hoy en día, quienes trabajamos en entornos internacionales sabemos que entender las normas culturales puede ser tan importante como dominar los aspectos legales. En una conversación entre colegas de distintas regiones del mundo —Reino Unido, América del Sur, Asia y otros— quedó claro que la forma en que nos presentamos, comunicamos y nos relacionamos tiene un impacto directo en el éxito profesional.

Algunas prácticas básicas que no pasan de moda:

  • Buena presencia: Tu imagen dice mucho antes de que empieces a hablar. Vestimenta, peinado, postura, todo comunica.
  • Respetar el tiempo de los demás: Puntualidad no es solo una regla de cortesía, también es una señal de confiabilidad.
  • Saber comunicar: Más allá del idioma, el tono, los gestos y la actitud transmiten profesionalismo o todo lo contrario.
  • Empatía y sentido común: Mostrar interés genuino por las personas, sus contextos y culturas fortalece cualquier relación.
  • Saber estar en la mesa: No sacar el celular, esperar que todos estén servidos antes de comer, tratar con respeto a todos los presentes. Cosas simples, pero que dicen mucho.
  • Interés por lo local: Adaptarse y mostrar respeto por las costumbres, aunque no sean las nuestras, abre puertas y genera confianza.

Costumbres que marcan la diferencia según el país:

  • En Reino Unido: El trato es educado y algo indirecto. La puntualidad es clave y la vestimenta suele ser formal.
  • En el norte de Europa: Son más directos y valoran la claridad.
  • En España: La comunicación es más sutil y contextual. La jerarquía pesa, y las relaciones personales son esenciales.
  • En Argentina y Brasil: Hay calidez en el trato, cercanía física y flexibilidad horaria (especialmente al cerrar reuniones).
  • En Australia: Se valora la informalidad con respeto, el humor y el enfoque colaborativo en la toma de decisiones.
  • En Singapur: La cortesía es fundamental. Construir relaciones toma tiempo, pero es clave para hacer negocios.
  • En India: El lenguaje es diplomático y se evita la confrontación. Regalar es común en fechas especiales, y el respeto a la jerarquía es fuerte.

La etiqueta profesional no es un detalle menor para el abogado in house: es parte esencial de su eficacia. En un entorno laboral donde el conocimiento jurídico ya se da por sentado, la diferencia la marcan el respeto, la capacidad de adaptación y la consideración hacia los demás. Desde responder un correo a tiempo hasta comprender las normas culturales en un contexto global, cada gesto cuenta. Porque al final, no se trata solo de lo que decimos, sino de cómo lo hacemos. Y en el mundo legal corporativo, la forma también es fondo.

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