Durante los últimos años, el mercado legal ha experimentado una transformación profunda. La competencia es cada vez mayor, los clientes son más sofisticados, las firmas internacionales tienen una presencia creciente y la tecnología está cambiando tanto la forma de prestar asesoramiento jurídico como las expectativas de quienes lo contratan.
En paralelo, marketing, comunicación y desarrollo de negocio han dejado progresivamente de ser funciones accesorias para ocupar un espacio más relevante dentro de las estructuras de los despachos. En España, su profesionalización lleva varios años avanzando y ha permitido que, en muchas firmas, pasen de ser áreas de apoyo a formar parte de la conversación estratégica.
El reciente análisis de Chambers sobre el mercado legal refleja esta evolución: la excelencia técnica continúa siendo esencial, pero el conocimiento del negocio, el asesoramiento estratégico, la capacidad de respuesta y la construcción de relaciones a largo plazo adquieren cada vez mayor relevancia.
Desde mi experiencia en el mercado español, estas son diez prácticas que considero especialmente interesantes para las firmas latinoamericanas que quieran afrontar su próxima etapa de crecimiento.
1. Empezar por el business plan, no por el plan de marketing
Puede parecer una obviedad, pero no siempre ocurre. Antes de decidir qué contenido publicar, qué evento organizar o qué campaña desarrollar, un despacho debería tener claro dónde quiere crecer, en qué áreas, sectores y mercados, con qué clientes, qué socios pueden liderar ese crecimiento y qué recursos necesita.
Marketing, comunicación y business development no deberían definir por sí mismos la estrategia del despacho, sino ayudar a ejecutarla. El business plan establece el destino: marketing construye posicionamiento, comunicación transmite la propuesta de valor y business development convierte la estrategia en relaciones y oportunidades.
Esta necesidad de planificación adquiere todavía más relevancia ante el creciente interés de los fondos de inversión por el sector legal. En España, la entrada de los fondos de inversión a los despachos muestran cómo el capital externo puede utilizarse para acelerar el crecimiento, invertir en tecnología, atraer talento, expandirse internacionalmente y explorar adquisiciones.
Para una firma que aspire a crecer, contar con una estrategia clara deja de ser una cuestión interna y pasa a ser también una condición para saber dónde quiere llegar, qué recursos necesita y cómo quiere financiar esa expansión.
Cuando no existe un plan de negocio claro, estas funciones pueden terminar reducidas a una sucesión de actividades: eventos, publicaciones, newsletters, rankings, patrocinios y contenidos para LinkedIn. Y una agenda llena de actividades no necesariamente significa una estrategia comercial.
2. Entender que marketing, comunicación y business development son disciplinas diferentes
Aunque trabajan estrechamente relacionadas, no son lo mismo. La comunicación construye reputación y posicionamiento; el marketing desarrolla la marca, los contenidos, los canales y las campañas; y el business development trabaja sobre clientes, oportunidades, mercados, sectores, propuestas, relaciones y crecimiento.
La verdadera profesionalización comienza cuando la firma entiende qué aporta cada disciplina y consigue que trabajen de forma coordinada. Un evento puede ser marketing, una entrevista en un medio puede ser comunicación y una reunión con un cliente estratégico puede ser business development. Cuando las tres áreas trabajan juntas, el resultado puede ser mucho mayor que la suma de sus partes.
3. Conocer a los clientes más allá de cuánto facturan
Saber cuánto factura cada cliente es imprescindible, pero no suficiente. Una firma debería conocer también qué áreas utiliza, qué potencial de crecimiento tiene, qué otros despachos utiliza, quiénes son sus principales interlocutores, cuánto depende la relación de un único socio, qué nuevos proyectos tiene y qué necesidades podrían surgir.
La segmentación permite identificar no solo quiénes son importantes hoy, sino cuáles podrían ser estratégicos mañana. Un cliente que actualmente representa una facturación modesta puede encontrarse en plena expansión; otro que concentra una parte importante de los ingresos puede suponer un riesgo si toda la relación depende de una única persona.
Conocer al cliente es el primer paso para anticiparse a sus necesidades, una capacidad que será cada vez más relevante a medida que aumente el peso del conocimiento comercial y la comprensión de los objetivos empresariales en las expectativas de los clientes latinoamericanos.
4. Convertir el client listening en una práctica habitual
No deberíamos esperar a que un cliente deje de trabajar con la firma para preguntarle qué podría haberse hecho mejor. Client interviews, encuestas de satisfacción, reuniones de feedback después de asuntos relevantes o conversaciones periódicas con los equipos jurídicos internos permiten obtener información que difícilmente aparece en los datos de facturación.
Pero escuchar solo tiene sentido si conduce a actuar. Si un cliente necesita mayor coordinación internacional, más rapidez en las respuestas, mejor comunicación sobre sus asuntos o una comprensión más profunda de su negocio, la firma debe ser capaz de convertir esa información en acciones concretas.
El verdadero client listening no termina cuando se recoge el feedback. Empieza ahí. Escuchar al cliente no es una iniciativa de marketing; es una herramienta de gestión.
5. Pasar de la fidelización a los planes estratégicos de clientes
Conservar un cliente no debería depender únicamente de la relación personal entre un socio y su interlocutor. Las cuentas estratégicas necesitan un plan que contemple sus principales contactos, servicios actuales, posibles necesidades, jurisdicciones involucradas, socios que deberían participar y proyectos previstos.
Esta información permite pasar de una relación reactiva a una relación proactiva. El objetivo no es simplemente conseguir que el cliente continúe contratando a la firma, sino convertirla progresivamente en un socio más relevante para su negocio.
En un mercado donde los clientes valoran cada vez más el conocimiento comercial y la capacidad de ofrecer asesoramiento alineado con sus objetivos, esta evolución será determinante.
6. Convertir a los socios en embajadores de la firma
La reputación de un despacho no se construye únicamente desde el departamento de comunicación. Los socios son sus principales embajadores y su participación en congresos, asociaciones empresariales, universidades, foros sectoriales, medios y encuentros con clientes puede convertirse, con el tiempo, en una fuente de oportunidades.
La clave está en hacerlo de manera estratégica. No todos los socios tienen que estar en todos los eventos ni publicar constantemente en LinkedIn. Pero cada uno debería tener claro qué posición quiere ocupar en el mercado y qué relaciones necesita construir para conseguirlo.
Una relación construida hoy puede convertirse en una oportunidad de negocio dentro de dos años. Por eso, el networking no debería activarse únicamente cuando existe una necesidad comercial inmediata.
7. Dejar de medir los eventos por el número de asistentes
Los eventos siguen siendo una herramienta extraordinariamente útil para los despachos, pero su éxito no debería medirse únicamente por la asistencia.
Recientemente leí una reflexión sobre la importancia del capital relacional en la carrera de los abogados y sobre cómo un contacto aparentemente casual en un evento puede terminar cambiando el rumbo profesional de una persona. La idea me pareció especialmente relevante para el sector legal: muchas oportunidades nacen de una conversación que ocurre en el momento y el lugar adecuados.
Por eso, el valor de un evento debería medirse también por las relaciones que genera y por lo que ocurre después: profundizar la relación con determinados clientes, posicionar a un socio en un sector, generar nuevas conexiones, presentar una práctica, explorar un mercado o conectar a determinados clientes entre sí.
Un evento sin seguimiento puede ser simplemente una actividad. En cambio, conectado con una estrategia de clientes, posicionamiento y seguimiento, puede convertirse en una herramienta de business development.
El capital relacional tiene, además, una característica particular: no siempre podemos anticipar dónde estará la próxima oportunidad. Una conversación de diez minutos con una persona que hoy no es cliente puede convertirse mañana en una recomendación, una alianza, una incorporación, una oportunidad de negocio o incluso en un contacto que cambie la trayectoria profesional de un abogado.
En este contexto, también cobra sentido una práctica que aprendí trabajando con firmas anglosajonas: dedicar un presupuesto específico a hospitality. No se trata simplemente de invitar a clientes a comer o asistir juntos a un evento deportivo, sino de entender estos espacios como una extensión de la estrategia de relación: generar confianza, conocer mejor al cliente y crear oportunidades de conversación en contextos diferentes al estrictamente profesional.
El hospitality, bien gestionado, es una inversión en capital relacional y debería contar con objetivos y seguimiento, igual que cualquier otra actividad de business development.
8. Contar con profesionales senior capaces de aportar visión estratégica
No todos los despachos necesitan grandes departamentos, pero incluso una firma pequeña necesita capacidad profesional para gestionar estas disciplinas. Puede ser un director senior, un equipo reducido o un modelo híbrido con recursos externos. Lo importante es contar con alguien capaz de sentarse con los socios y hablar el mismo idioma: el del negocio.
El profesional de BD, marketing y comunicación no debería limitarse a ejecutar peticiones. Su valor está también en hacer preguntas estratégicas: por qué organizar un evento, qué cliente desarrollar, qué mercado explorar, qué diferencia la propuesta de la competencia y cómo medir el resultado.
Un estudio de Legal Marketing Association y Above the Law muestra una participación creciente de estas funciones en la planificación estratégica de las firmas y una mayor implicación en tecnología.
No se trata, por tanto, de tener más personas, sino de tener las capacidades adecuadas.
9. Utilizar la inteligencia artificial como soporte del negocio
Hablar de inteligencia artificial en los despachos ya no debería limitarse a su aplicación en investigación jurídica o redacción de documentos. También existe un enorme potencial en las funciones de negocio.
La IA puede ayudar a analizar carteras de clientes, identificar oportunidades, preparar reuniones, estudiar mercados, analizar información competitiva, personalizar contenidos, preparar pitches, sintetizar feedback y automatizar tareas repetitivas.
Existe una diferencia importante entre tener una estrategia de IA y convertirla en una estrategia de negocio. El debate está evolucionando desde qué herramientas puede utilizar una firma hacia cómo integrar la IA en sus procesos, en la relación con los clientes y en su modelo de negocio.
Juanjo Cano, presidente de KPMG España, ha insistido precisamente en la importancia de que las personas adquieran formación y capacidades en IA y ha señalado que serán los propios empleados quienes no quieran trabajar sin estas herramientas.
La clave está en identificar qué problemas de negocio pueden resolverse mejor utilizando IA. Incluso en business development, puede ayudar a preparar conversaciones más relevantes con los clientes, combinando información sobre su negocio, novedades regulatorias, actividad y relaciones existentes.
10. Tener un CRM: la memoria comercial de la firma
Finalmente, hay una herramienta que debería formar parte de la infraestructura básica de cualquier despacho que aspire a gestionar profesionalmente su crecimiento: un CRM.
No porque sea una tecnología sofisticada, sino porque permite algo mucho más sencillo y relevante: no perder el conocimiento sobre las relaciones de la firma. Quién conoce a quién, cuándo se habló por última vez con un cliente, qué asuntos tiene, qué oportunidades están abiertas, qué propuestas se presentaron, qué socios participan en la relación, qué eventos ha atendido y qué áreas adicionales podrían ser relevantes.
Sin esta información, buena parte del conocimiento comercial permanece disperso en agendas, correos electrónicos y, sobre todo, en la memoria individual de los socios.
Pensar que un CRM solo lo necesita una firma grande es confundir tamaño con complejidad. Precisamente cuando los recursos son limitados, conocer dónde están las oportunidades, proteger las relaciones existentes y evitar que el conocimiento se pierda puede ser todavía más importante.
El verdadero cambio es cultural
Las diez prácticas anteriores tienen algo en común: ninguna consiste simplemente en contratar una herramienta, organizar más eventos o publicar más contenido. El verdadero cambio es cultural.
Supone entender que un despacho de abogados también es una empresa de servicios profesionales y que, además de prestar un excelente asesoramiento jurídico, necesita conocer su mercado, entender a sus clientes, gestionar sus relaciones, construir una marca, desarrollar oportunidades, atraer talento, invertir en tecnología y anticiparse a los cambios.
Latinoamérica no necesita copiar el modelo español. Sus mercados y estructuras son diferentes y cada firma debe encontrar su propio camino. Pero España ofrece aprendizajes interesantes en un momento en el que la industria legal está evolucionando rápidamente: desde la profesionalización de las áreas de marketing, comunicación y business development hasta la entrada de capital externo y la incorporación de nuevas tecnologías.
La inteligencia artificial está siendo uno de los grandes aceleradores de esta transformación. Como ha señalado Juanjo Cano, la formación en IA y el desarrollo de nuevas capacidades serán elementos fundamentales para afrontar este cambio.
El reto para las firmas no consiste en sustituir el conocimiento jurídico, sino en complementarlo con nuevas capacidades que permitan entender mejor el negocio de los clientes, construir relaciones más sólidas, utilizar mejor la información y aprovechar la tecnología para ofrecer un servicio cada vez más sofisticado.
La excelencia jurídica seguirá siendo el corazón de las firmas. La diferencia estará cada vez más en todo aquello que sean capaces de construir alrededor de ella.
Por Tatiana López Molina
Directora de Desarrollo de Negocio, Marketing y Comunicación especializada en el sector legal