Luis Fernando Palomino Bernal, socio director de Palomino, Flores, Hernández, Abogados, sitúa el momento decisivo de una crisis empresarial en la voluntad del consejo de administración de activar a tiempo un proceso legal de insolvencia, por encima del propio diagnóstico financiero.
Con treinta años de práctica iniciados durante la crisis financiera mexicana de 1996, y una perspectiva regional construida desde la presidencia del Capítulo Mexicano del Instituto Iberoamericano de Derecho Concursal y su participación en el Comité de Latinoamérica de INSOL, identifica un patrón que se repite en las jurisdicciones latinoamericanas: la banca restringe o limita el financiamiento a empresas en crisis, y esa restricción redirige las reestructuras hacia el capital privado de riesgo, mientras la ausencia de información veraz entre las áreas legal, contable y de tesorería convierte cualquier contingencia en una amenaza que escala hasta el terreno penal.
“Un problema común en todo Latinoamérica es el financiamiento a las empresas en crisis, ya que por ejemplo en jurisdicciones como México se prohíbe o limita a los bancos a hacerlo. Es por ello que se debe acudir a capital privado de riesgo para financiar estas operaciones”, afirmó.
Después de más de 25 años litigando y más de dos décadas asesorando a grupos empresariales en crisis, ¿en qué momento de un proceso de insolvencia pesa más la decisión legal que la decisión estrictamente financiera?
Palomino Bernal sitúa el origen de esa lectura en su propia trayectoria:
Este año para mí es muy especial, ya que además de cumplir 50 años de vida, cumplo 30 años litigando y asesorando empresas en crisis. El inicio de mi carrera se dio en 1996, en plena crisis financiera en México, conocida como “el Error de Diciembre” o a nivel internacional “Efecto Tequila”.
Por lo anterior, y habiendo asesorado a muchísimas empresas y empresarios en situación de crisis financiera, te puedo decir que la decisión legal que más pesa sobre la estrictamente financiera, se da cuando el empresario decide a tiempo y con tiempo y dinero, iniciar un proceso legal de insolvencia.
En la cultura empresarial latina, pesa mucho más el qué dirán sobre lo que realmente se necesita hacer y hacerlo sin importar que piensen los demás.
He sido testigo directo a lo largo del tiempo que el empresario cuando enfrenta una crisis financiera, piensa y se autoconvence que como por arte de magia la cuestión se va a resolver, y es cuando en vez de iniciar una reestructura formal a través de un Concurso Mercantil, empieza a pedir más plazo, a dar más garantías, a comprometer a más obligados solidarios, solo para darse cuenta un año después que no funcionó y que ahora está obligado a acudir a un proceso con desventaja, con más activo comprometido y sin caja.
De igual manera me ha tocado asesorar a quien con mente fría ha sabido autoanalizarse, comprender que está en crisis, que la misma es natural a los negocios y saber utilizar las herramientas legales para acudir a tiempo y con tiempo y dinero insisto, a un proceso legal de insolvencia.
Personalmente me cuesta trabajo entender a los padres que no dejan que atiendan medicamente a sus hijos con enfermedades graves ni dejan que los intervengan quirúrgicamente porque va en contra de sus creencias religiosas, y ese hijo muere pudiendo haberse salvado. Igual de difícil me resulta ver a los empresarios que no cuidan a su empresa, atendiéndola a tiempo con la medicina legal de una reestructura financiera.
Su participación en el Comité de Latinoamérica de INSOL le da una perspectiva comparada poco común. ¿Qué distingue estructuralmente a un proceso de reestructuración financiera en México frente a uno en otras jurisdicciones latinoamericanas donde usted tiene visibilidad directa?
La comparación regional lo lleva a un diagnóstico compartido:
El comité latinoamericano de INSOL, que por cierto celebrará su seminario anual de 2027 en Ciudad de México, tiene como misión analizar y estudiar las diferentes maneras de atender y legislar las reestructuras en nuestros países, encontrando por la identidad cultural problemas muy similares. Incluso desde hace cuatro años existe una mesa redonda latinoamericana organizada por INSOL y el Banco Mundial para exponer estos temas y generar cambios legislativos.
Un problema común en todo Latinoamérica es el financiamiento a las empresas en crisis, ya que por ejemplo en jurisdicciones como México se prohíbe o limita a los bancos a hacerlo. Es por ello que se debe acudir a capital privado de riesgo para financiar estas operaciones.
Hay tres cosas que considero que le urge a México atender en esta materia:
- La correcta regulación de la insolvencia de las micro, pequeñas y medianas empresas.
- La necesidad de reestructurar junto con la empresa a los obligados solidarios, aunque los mismos no sean comerciantes. Si no se atiende, se deberán iniciar procesos por separado cuando se pueda aplicar la insolvencia civil prevista en el Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares.
- Un sistema efectivo preconcursal utilizando Medios Alternos de Solución de Controversias.
Como presidente del Capítulo Mexicano del Instituto Iberoamericano de Derecho Concursal, ¿qué cambio reciente en la práctica concursal mexicana considera que todavía no ha sido asimilado por la mayoría de los despachos que asesoran a empresas en crisis?
Desde su rol al frente del Instituto, identifica una brecha concreta:
Cuando existe una crisis generalizada, que no es por sector o por una situación particular, es que hay muchas empresas en todos los ámbitos y de todos los tamaños con la misma situación al mismo tiempo. Esto genera un efecto Dominó multiplicador, es decir, una empresa que no puede pagar a sus proveedores y acreedores genera a su vez que los mismos no puedan pagar a los suyos y así sucesivamente.
El problema estriba en que muchos de los abogados que atienden a estas empresas desafortunadamente no cuentan con las herramientas y los conocimientos especializados en la materia.
De ahí la labor importante de asociaciones como el Instituto Iberoamericano de Derecho Concursal, que entre sus actividades principales es llevar a cabo seminarios y congresos para todos los abogados para que estén preparados y puedan asesorar correctamente a sus clientes.
¿Qué es lo que creo no ha sido asimilado entonces por varios despachos que asesoran empresas en crisis? Que se requiere de capacitación jurídica continua y actualizada de sus socios y asociados.
Desde su experiencia como consejero de grupos empresariales en crisis, ¿cuál es el error más recurrente que comete un consejo de administración en las primeras semanas de una crisis de liquidez, antes de que el asunto llegue a un despacho como el suyo?
En la sala de consejo, el patrón se repite:
Son varios errores recurrentes, pero me quedo con dos.
El primero es dejar a la empresa sin liquidez teniendo las herramientas para haberlo evitado.
Si yo fuera un buzo profesional y de repente me doy cuenta de que me quedan 5 minutos de oxígeno, o busco quien me de otro tanque o me dirijo directo a la superficie, pero no verás al buzo seguir nadando hacia el lado opuesto de la superficie, fotografiando peces como si no pasara nada.
Eso pasa cuando sabes que tienes un problema grave de liquidez, y sigues pidiendo prestado para pagar lo vencido, destapando un hoyo para tapar otro, pero cada vez más grande; sabes que el colapso es inminente y en vez de subir a la superficie y resolver no paras la hemorragia y no tomas el toro por los cuernos.
El segundo es patear el balón como decimos en México. Aun sabiendo que el negocio necesita una reestructura de fondo, ir a ofrecer a los acreedores a cambio de un plazo, pagar más interés y otorgar más garantías. Ello lo único que genera es postergar el problema tal vez un año más, pero en peores condiciones.
Su práctica combina reestructuración con litigios de penal económico. ¿En qué punto una crisis de insolvencia empieza a tener, en la práctica, una dimensión de riesgo penal para los administradores de la empresa?
La frontera con lo penal, dice, tiene señales identificables:
Cuando empiezan a realizar actos ruinosos o fraudulentos. Ejemplo los autoembargos o “tornillos”, las donaciones o actos a título gratuito para despatrimonializar a la empresa, vender en 1 lo que vale 1,000, etc.
También se complica cuando empiezan a alterar los estados financieros y la contabilidad, pues en ese momento les gana la necesidad momentánea de conseguir mas dinero prestado.
Su firma participa como sponsor del Foro Gerencias Legales México 2026, que cierra el 3 de septiembre con el panel “Operar en Entornos de Alto Riesgo: Estrategias de Cumplimiento y Resiliencia Corporativa”. Desde su experiencia en resolución de crisis empresariales, ¿qué distingue a una gerencia legal que logra resiliencia real frente a una que solo administra la contingencia mientras dura?
Ese vínculo, sostiene, se construye puertas adentro:
Las reestructuras más eficientes que hemos atendido, han sido cuando hay excelente comunicación entre la gerencia legal y el despacho. Aquí todos debemos cooperar porque muchas veces no está en duda la capacidad técnica de los abogados participantes, sino la capacidad emocional de todos para dejar el ego de lado y trabajar en equipo para la misma causa que es el rescate de la empresa. Esto es una labor que no es fácil y en el que hemos invertido mucho en el personal humano capacitado para tener esta inteligencia emocional de trabajo en conjunto y la gerencia legal que logra adaptarse junto con el asesor externo y trabajar en el fondo del tema y hacia un mismo objetivo es la ganadora.
Ese mismo panel de cierre reúne compliance, ciberseguridad y resiliencia corporativa bajo un mismo paraguas de riesgo. ¿Dónde ubica usted el riesgo de insolvencia dentro de ese esquema, cuando muchas empresas todavía lo tratan como un tema aislado de tesorería y no de gestión legal integral?
El riesgo de insolvencia, advierte, exige integrarse a la gestión legal general:
El tema fundamental es tener o lograr una comunicación con información veraz para la correcta toma de decisiones.
Si el área contable no refleja la situación real de la empresa, si la tesorería no informa de la falta de liquidez y se empieza a financiar todo con los impuestos y los proveedores y si el área legal no transparenta realmente las contingencias legales diciendo que va a ganar todos los juicios, es cuestión de tiempo para la explosión.
Con más de dos décadas formando abogados en Concursos Mercantiles en la Universidad Panamericana, ¿qué está cambiando hoy en la forma en que los despachos jóvenes entienden la insolvencia, que usted no veía hace diez años?
Frente a la próxima generación de abogados, marca un cambio de paradigma:
Afortunadamente la Universidad Panamericana se les da la posibilidad a los alumnos de tener la materia de Concursos Mercantiles, ya que en muchas universidades o escuelas de derecho no se cursa.
Hoy los abogados jóvenes requieren tener una visión internacional de una reestructura, ya que muchas empresas que son o serán sus clientes operan en forma transfronteriza. Y deben de conocer y saber utilizar las herramientas que tenemos a la mano para llevar a cabo un proceso de insolvencia en México y procesos auxiliares en el extranjero y viceversa.
Lo más importante en donde creo radica el cambio, es que la solución no solo es jurídica sino evidentemente financiera, pero en el orden correcto y deben de proveer a sus clientes de herramientas que les permitan reestructurar y obtener financiamiento, por lo que debe integrarse al ecosistema regular de los servicios que se ofrecen, el acceso a capital privado.
Finalmente, si tenemos la fortuna que el empresario llegue muy a tiempo a la atención de su problema de liquidez, los abogados jóvenes deben intentar utilizar los medios alternos de solución de controversias, y en este sentido me refiero a que deben estar bien capacitados no solo los abogados de la empresa sino los abogados de los bancos o acreedores que muchas veces son los que pueden ser el fiel de la balanza para bien o para mal: lograr la reestructura o generar juicios eternos y al final tener una cuenta incobrable con una empresa quebrada que ya ni genera empleos, ni les puede pagar y ni les puede seguir comprando.
La transformación que describe Palomino Bernal no ocurre solo en la sala de consejo, sino en la formación misma de quienes van a asesorar la próxima generación de crisis empresariales. Si la salida de una insolvencia depende cada vez más de acceder a capital privado de riesgo y no a la banca tradicional, el abogado concursal deja de operar únicamente en el terreno procesal: necesita entender el financiamiento con la misma solvencia con la que entiende el litigio, y extender esa doble capacitación a los abogados de bancos y acreedores, que con frecuencia son quienes deciden si una reestructura llega a buen término o termina en juicios que ninguna de las partes gana.
